Dejen de llamar fascistas a los comunistas
Es preocupante que todavía haya una derecha que asuma y repita los conceptos y el relato de la izquierda
Hordas de ultraizquierda han cometido actos violentos en las calles de España y de otros países europeos y todavía persiste una derecha acomplejada o ignorante que les sigue llamando fascistas. Cuando su identificación ideológica con la izquierda totalitaria ha sido proclamada por ellos mismos a los cuatro vientos, cuando han demostrado que el auténtico peligro que acecha a las democracias europeas es la ultraizquierda. Y aquí tenemos a una parte significativa de la derecha que no se ha enterado y que sigue repitiendo los conceptos y el relato de la propaganda izquierdista.
Una cosa es que lo haga el PNV, un partido de derechas que sigue justificando su pasado y presente de silencio, o complicidad, con el extremismo nacionalista violento, pero otra es que lo haga nuestra derecha nacional, sea la política, la periodística o la intelectual. Los ultras violentos de Bilbao de este pasado lunes gritaban «Gora ETA militarra» mientras asaltaban comercios o agredían a los ertzainas, y salió el PNV a decir que «al fascismo se le combate con la democracia», una manera, en primer lugar, de legitimar a los violentos por aquello de que están combatiendo «el fascismo». Pero, además, dijo el PNV a través del alcalde de Bilbao que «no son antifascistas, son auténticos fascistas», que es la tradicional manera usada por la izquierda y el nacionalismo de negar el totalitarismo comunista. Se niega la palabra y se niega esa realidad. Lo han hecho en sus leyes de memoria histórica y lo hacen cada día en sus discursos.
ETA ha sido un terrorismo ideológicamente ultraizquierdista, lo mismo que los que gritaban a su favor el lunes en Bilbao, pero aquí tenemos a todo el autodenominado progresismo negando su realidad ultra, del pasado y del presente. Y lo mismo ocurre con el resto de la violencia en las calles de Europa, con el progresismo llamando fascistas a los comunistas y neocomunistas que destruyen las calles y atacan a los policías. Por supuesto, la propaganda izquierdista añade a todo lo anterior la culpabilización de las fuerzas policiales como representantes del supuesto Estado opresor. Y no solo eso, en muchos casos, los gobernantes de izquierdas renuncian o tienen miedo a enviar a las fuerzas policiales a defender a los ciudadanos de los vándalos. Ha pasado en otros países de Europa y en España, y veremos qué ocurre hoy si los ultraizquierdistas violentos vuelven a quemar las calles tal como han anunciado.
Pero lo más extraordinario de todo esto es que haya una parte de la derecha que asuma todo lo anterior y siga llamando fascistas a los comunistas, en una muestra de lamentable sumisión al relato de la izquierda y a una gran mentira histórica. Llevo varios artículos denunciando esta manipulación, también en mi último libro, La batalla de las palabras para una nueva derecha, pero, por el momento, cosechando un gran fracaso. Un fracaso que es el reflejo de una derecha que aún sigue sin ganar, ni siquiera empatar, a la izquierda en la batalla de las palabras, del relato y de la memoria.