Puente: 110 víctimas mortales, pero lo hago muy bien
La reacción del ministro y del presidente ante la tragedia de Urda muestra que están fuera de la realidad y toman a los españoles por pánfilos
Una sencilla parábola deja claro el disparate que estamos viendo. Imaginemos una urbanización de 17 adosados. Una empresa se encarga del mantenimiento de las instalaciones de gas de las casas. La compañía cuenta con un propietario y con un encargado, un bronco capataz, que no es especialista en la materia y a cuyo cargo están las obras y las revisiones pertinentes para garantizar la seguridad del gas.
El encargado resulta que se ha vuelto adicto a las redes sociales, donde se pasa el día desbarrando, en lugar de atender a su tarea. Además, ha despedido a algunos de los operarios técnicamente más cualificados de su cuadrilla y los ha sustituido por amigotes del partido político en que milita. El servicio de mantenimiento ha empeorado enormemente, hasta llegar al extremo de poner el riesgo la seguridad de los vecinos.
Las instalaciones de los chalets han dejado de revisarse en tiempo y forma. Los conductos del gas están anticuados. Las calderas se han quedado obsoletas. En ese contexto de deterioro generalizado y alto riesgo, un día revienta una instalación y se produce en un chalet una explosión con varios muertos.
Tras el siniestro, el presidente de la compañía hace una visita exprés a la zona. Bajando la ventanilla de su coche dice unas breve palabras. impostando cara de mucha pena, pero sin apearse de su berlina, no se vaya a encarar con él algún propietario.
El encargado ofrece una charla a los vecinos. Con una vocecita humilde y susurrante, muy diferente de su tono macarra habitual, les dice que no se preocupen, que la instalación sigue siendo segura, que no volverá a suceder algo así. Pueden dormir tranquilos, porque desde la empresa trabajarán para que todo esté todavía mejor.
A pesar de su gravísima negligencia profesional, que ha causado un accidente letal, la compañía no prescinde ni de uno de sus directivos y operarios. Tampoco acaba de hacer público su prometido estudio sobre qué falló.
Solo nueve meses después se produce en la urbanización una desgracia idéntica: otra explosión de gas en un adosado, también por un evidente fallo de seguridad. El presidente de la compañía del gas hace esta vez unas declaraciones manifestando que dos accidentes en nueve meses «no es algo asumible». Pero lo comenta como si el desastre no fuese con él y hubiese sido ocasionado por un tercero, o por algún fenómeno natural.
Por su parte, el capataz bajo cuya tutela han sucedido las dos explosiones se lava las manos y culpa a un ñapas que llevaba poco tiempo en la cuadrilla. Asegura que él y la empresa no tienen responsabilidad alguna, por lo que no se le pasa por la cabeza dimitir. Además vuelve a recalcar que el sistema es muy seguro, pero al mismo tiempo suelta que está pensando en cortar el gas en algunas casas, no vaya a ser…
Por su parte el dueño de la compañía mantiene a su capataz en el cargo tras los dos brutales accidentes, porque utiliza al encargado incompetente y bocazas como parapeto para que no lo señalen a él. Por último, los vecinos lloran a sus muertos y se enfadan. Pero no se organiza una sola acción de protesta pública contra una empresa que por dos veces ha jugado con su seguridad hasta el extremo de llevarse vidas por delante.
Vamos ahora con nuestra realidad. La reacción del presidente Sánchez y el ministro Puente tras los accidentes de Adamuz y Urda, que suman ya 110 vidas, muestra tres cosas: 1.- Han perdido toda noción de la realidad. 2.- Son máscaras teatrales a las que las personas les importan muy poco. 3.- Piensan que los españoles son una recua de pánfilos a los que se les puede tomar el pelo hasta con saña.
La última rueda de prensa de Puente parecía a ratos un grimoso ejercicio de surrealismo. Con una fatigosa verborrea seudotécnica, se dedicó a alardear de lo bien que lo ha hecho. Si es así, ¿por qué en solo nueve meses hemos sufrido dos salvajes accidentes en la línea de alta velocidad, algo insólito en todo el planeta?
Aunque ya llevo 110 muertos, lo hago muy bien, eso es lo que vino a decir ayer Puente. Flotando en el aire quedó una pregunta: ¿De qué material está hecha la conciencia de estos tipos? O más fácil: ¿Tienen conciencia?