El error humano era Óscar Puente
Prometieron que el AVE a Barcelona alcanzaría los 350 km/h y ahora valoran cancelarlo porque podría no ser seguro. La alta velocidad era la joya de la corona y la han convertido en vergüenza nacional
Un error humano fue el causante del accidente del miércoles en Urda. No le vamos a quitar razón al Gobierno, que se apresuró a lanzar la hipótesis exculpatoria con fines electorales a las pocas horas de la tragedia, cuando todavía no sabemos qué sucedió en Adamuz. Al final será la investigación la que determine las causas, pero a Moncloa no le falta razón en que el origen de todo es un error humano. Pero no de Adif, sino de quien está al frente del Ministerio de Transportes. Y también de quién le dio el cargo cuando ya había demostrado su sobrada incompetencia.
El señor Óscar Puente no leerá estas líneas porque no es precisamente un asiduo de este periódico. Tampoco le llegará por Twitter porque me tiene bloqueado, como a media España, por cantarle las verdades del barquero. No le debió gustar que le recordara el tocomocho de Sánchez en las primarias que le ganó a Madina. Pero, aunque no lo lea de primera mano, su bien retribuido gabinete de comunicación le podrá facilitar un informe de lo que le criticamos los periodistas, a razón de 62.000 euros. Mejor invertido habría estado ese dinero si se hubiese dispuesto para arreglar las vías del tren en lugar de para saber si al ministro lo llaman chulesco, mamporrero o provocador.
Ese es el problema de un ministro que se preocupa más de que lo insulten que de que el tren se caiga a cachos. Llevamos años criticando la situación de la alta velocidad en este país, con retrasos continuos y un descenso de calidad abrumador, pero es que ahora antes de subirse al tren, casi hay que encomendarse a los santos. Ya no es que llegue tarde, es que más de cien personas este año no llegaron. Y no ha pasado nada. Ni se han montado acampadas frente al Ministerio de Transportes ni se ha echado nadie a la calle a clamar contra un Gobierno que, al parecer, consideraría «injusta» la dimisión de Óscar Puente tras el accidente del miércoles. Habrá que ver si opinan lo mismo después de ver la encuesta de Target Point que publica hoy El Debate, en la que queda claro que más de la mitad de los españoles exigen la marcha inminente del ministro.
No se puede esperar a las elecciones, ni tampoco a la formación de un nuevo Gobierno. Aunque seguro que será entonces, cuando llegue la derecha a Moncloa, cuando la gente se eche a la calle al primer inconveniente. Pero no será culpa de los que estén, sino de los que llevan ocho años sin hacer nada, sin arreglar las vías, sin modernizar los sistemas de seguridad como prometieron a Bruselas y gastándose en sobrinas el dinero del contribuyente. Alardeaban de la liberalización del servicio, de que ahora circulaban más trenes que nunca y de que el AVE a Barcelona alcanzaría los 350 km/h. Y ahora sopesan cancelar el servicio porque podría no ser seguro. La alta velocidad era la joya de la corona, un motivo de orgullo y un ejemplo para otros, que venían a España para estudiar el modelo y replicarlo en sus países. Se la han cargado por completo, al igual que las carreteras y otras tantas infraestructuras de las que desconocemos su estado. Hace falta una auditoría urgente del sistema, porque ya basta de pagar impuestos como europeos para terminar con servicios que rozan lo tercermundista. El futuro Gobierno tiene mucho trabajo.