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Imaginemos lo inconcebible… El 18 de enero de 2026 se produce un atroz accidente en el metro de Madrid y mueren 46 pasajeros y resultan heridos 152. Las investigaciones revelan que la causa última ha sido el mal estado de las vías, cuyo mantenimiento depende de la Comunidad de Madrid. Pero el Gobierno autonómico se niega a asumir la más mínima responsabilidad y no se produce una sola dimisión.

El 28 de octubre, cuando todavía no ha concluido el año, se registra un nuevo y todavía más brutal accidente en el metro de Madrid. Esta vez se llora a 69 víctimas mortales y hay más de 200 heridos. Esos dos siniestros en poco más de nueve meses reflejan el pésimo estado de la infraestructura. El Gobierno madrileño no ha invertido lo debido, a pesar de contar con un chorro de fondos europeos para ello.

Tras el segundo accidente, el consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid reconoce que el sistema automático de seguridad se estropeaba constantemente. Pero explica que es muy normal, que todo se estaba haciendo fenomenal y que si se ha producido el accidente es por un fallo humano en el control manual, al que se recurrió al averiarse el otro. El consejero se niega a dimitir. Incluso se queja en rueda de prensa de que está «viviendo un calvario». Por su parte Ayuso hace un par de visitas exprés al centro de control, pero evita cualquier contacto directo con los heridos y sus familiares y ratifica a todos sus cargos.

La calle se moviliza contra el Gobierno madrileño. Los sindicatos, los abajofirmantes de La Zeja, los partidos de izquierda y sus socios separatistas convocan manifestaciones iracundas por toda España. Ayuso y su consejero son calificados de «asesinos» en las pancartas. Los informativos de las televisiones «progresistas» ofrecen en bucle testimonios de familiares de las víctimas criticando con enorme dureza al gobierno madrileño. El magazine de Intxaurrondo se convierte en una sucesión de entrevistas a ministros de Sánchez saliendo a poner a parir a Ayuso. La izquierda pide «dimisiones ya» y esgrime pancartas de «nos merecemos que no nos mientan». Una enorme multitud de indignados cerca Génova.

Sánchez ofrece una alocución especial desde la Moncloa. Muy compungido, anuncia acciones inmediatas de «mi Fiscalía» contra la Comunidad de Madrid y dice que Ayuso «no puede seguir ni un minuto más al frente de un Gobierno que ha matado a 115 pasajeros en menos de un año».

Almodóvar y Ana Belén no son insensibles al clamor. Ambos salen de sus dachas para acudir a las manifestaciones. Almodóvar, al borde de las lágrimas, lee un manifiesto en Sol con la acampada a sus espaldas, reconvertida ya en una protesta por los accidentes. Cintora y Fortes compiten por ver quién muestra mayor cabreo. Sus tertulianos se quejan de que «esto es lo de siempre, la derecha y la ultraderecha descuidando lo público».

Vamos ahora con la realidad:

El Gobierno de Sánchez ha fundido los fusibles de España y Portugal. Pero la responsable socialista de Red Eléctrica sigue en su cargo cobrando más de medio millón al año.

El Gobierno de Sánchez provocó el accidente de Adamuz con su pésimo mantenimiento de la vía y el de Urda, con un fallo de seguridad generalizado y unos sistemas obsoletos. No ha dimitido el ministro ni los responsables de Adif.

El Gobierno de Sánchez desoyó los avisos de inteligencia sobre una invasión marroquí en Ceuta, aduló al invasor, incluso ocultó que había barcos de guerra de Mohamed VI. El presidente se negó a suspender sus vacaciones VIP en un palacete de Canarias, mientras los ceutíes sufrían una gravísima crisis y España era humillada ante el mundo. No ha dimitido nadie. Ni el presidente felón, ni los ministros de Defensa e Interior. Incluso intentaron endosarle el desafío al mandatario de la ciudad.

El 29 de octubre de 2024, localidades de la Comunidad de Valencia se vieron alcanzadas por una gota fría de proporciones de plaga bíblica. En algunos puntos llegaron a caer 700 litros por metro cuadrado. El caudal del Barranco del Poyo dobló el del río Nilo en Asuán. Murieron 241 personas. El presidente valenciano, Mazón, fue tachado por la izquierda de «asesino» y señalado como el culpable absoluto y único de la catástrofe natural. Se vio forzado a dimitir tras meses en la diana diaria de todas las televisiones del sanchismo.