Fundado en 1910

El 40 % de los actuales diputados del PSOE, que son muy pocos y por eso su jefe tuvo que comprarse la Presidencia en un obsceno negocio sucio en el que pagó su investidura con los intereses de España, no va a repetir en las listas y tendrá difícil seguir viviendo de ese cuento.

Para hacerlo aún más ridículo, ellos dejarán el escaño, pero lo mantendrá Óscar Puente, también conocido por «El carnicero de Adamuz y Urda», que mantiene intactas sus aspiraciones a seguir viviendo del pueblo al que deja luego abandonado en las vías ferroviarias, más propias de la serie El juego del calamar que de un país civilizado que bate récord de recaudación fiscal, pero luego no tiene dinero ni prisas por poner un simple sistema de seguridad que evite el choque entre dos trenes en una línea recta de varios kilómetros.

La exclusión de todos esos diputados viene después de que todos ellos se hayan tragado lo más grande y abyecto para pelotear a su patrón, en contra de sus principios íntimos probablemente y, desde luego, de las necesidades de los ciudadanos: se han comido en este tiempo amnistías e indultos, tramas de corrupción abyectas, impuestos revolucionarios al separatismo catalán, la liberación de etarras a las órdenes de Bildu, condenas y procesamientos de la familia de Pedrito Picapiedra y todo tipo de ilegalidades, trampas, fechorías y vergüenzas para tapar a un jefe que ahora les ha dado una patada en el trasero, hasta ahora tapizado y calentito.

Ninguno de ellos tuvo la dignidad de levantarse y decir «hasta aquí», de apelar a su conciencia y a su decencia para plantarse, anteponer las expectativas de su país a los cambalaches de su patrón, para votar en contra de Sánchez y a favor de España y, en definitiva, para acabar con la carrera de este bandolero sin principios que ha sido capaz de aguantar cuatro años sin Presupuestos mientras vendía su país al postor que le permitiera darse otra vuelta en el Falcon.

Su expulsión de las listas, que ahora dirán voluntaria, pero es forzada por este caprichoso Calígula de polígono, les enfrentará a su propio espejo, y ahí se proyectará su verdadera imagen, sin honra ni barcos. Prefirieron vivir de rodillas a morir de pie y al final han muerto a cuatro patas.

Con siete diputados decentes del PSOE España se hubiera ahorrado ocho años de sanchismo y la democracia no se hubiera visto sometida a una especie de golpe de Estado posmoderno, con todas sus instituciones sometidas a la ferocidad cacique de un incompetente cuya única «virtud» ha sido estar dispuesto siempre a todo con tal de llegar a su triste meta.

Ya es tarde para su redención, aunque la intentarán cuando el pequeño César muera a cuchilladas de sus Brutos de saldo y ellos se ofrezcan a clavar también su pequeña daga, pero al menos van a tener tiempo para responderse a una pregunta, formulada en la intimidad oscura de su alma vendida: ¿Les ha merecido la pena? ¿Un par de años más o menos a cambio de haber hecho lo correcto era tan inasumible?

Probablemente casi todos ellos contaban con seguir y ahora se han dado cuenta de que a ellos les ha tratado como al resto de los españoles. Comprenderán que no nos den ninguna pena y su infinito asco. Cobardes.