Cartas al director
La reaparición de El Debate
Ha sido una grata sorpresa para nuestra familia ver renacer una cabecera que estuvo muy ligada a la historia de mi padre don José Henche, fallecido ahora hace 30 años, que tuvo el honor de trabajar en El Debate en un período crítico de nuestra historia. De humildísima condición, tuvo la fortuna de recibir una formación básica en las Escuelas Pías de Lavapiés. Entró como aprendiz administrativo con 13 años en el año 1925, hasta los desgraciados acontecimientos de julio de 1936. Conoció a los ilustres periodistas de aquella redacción, en especial a la figura de su gran director don Ángel Herrera Oria, posteriormente obispo de Málaga y cardenal. Fue secretario de Don José María Gil Robles.
Al llegar la guerra, decenas de sus compañeros fueron fusilados por el simple hecho de haber trabajado en El Debate; gracias a Dios –y a su intuición para prever lo que iba a pasar– salvó su vida de forma milagrosa, intentando escapar de la locura colectiva de la guerra. Sin perder en ningún momento sus ideales, entró en el Ejército Republicano como administrativo de la 11ª División comandada por el general Líster. Su paso por la retaguardia en Valencia le permitió conocer a mi madre, también vecina del barrio de Lavapiés, que estaba allí refugiada. Al terminar la guerra, un providencial encuentro con un antiguo compañero, le salvó del campo de concentración de Mestalla, y le permitió retomar su trabajo, en la Editorial Católica y en el periódico Ya hasta su jubilación.
Con estas letras quiero hacer un homenaje con admiración a toda su generación que, con su esfuerzo y sacrificio en años durísimos, nos ha permitido gozar de la libertad y prosperidad que ahora tenemos.
Finalizo con un proverbio ruso muy apropiado para hoy: «Aquel que recuerda el pasado ingrato merece que le arranquen un ojo, pero el que lo olvida merece que le arranquen los dos». Según ello ahora con las «Memorias» nos hemos convertido en un país de tuertos. No, señor: aquella no fue una belle époque como algunos –por ignorancia o interés político– nos hacen creer. Fue un período de miseria y fanatismo, que provocó una guerra entre hermanos. Si hubo dos Españas fue la de las víctimas y la de los verdugos, y ambos estaban en los dos bandos. Dios quiera que no nos convirtamos en ciegos.
Gracias por su atención. Le deseamos un buen porvenir a su nueva singladura.