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22 de mayo de 2024

Cartas al director

Feministas abolicionistas

El pasado 6 de marzo, camino del trabajo, vi un cartel con la imagen de parte del rostro de una mujer con una mascarilla, cuyas manos estaban adelantadas formando una figura que se asemejaba a un corazón invertido, que rezaba así: Feministas Abolicionistas.
Como mi vista, sobre todo de lejos, ya no está para muchas alegrías, pero mi curiosidad sigue siendo considerable, me aproximé a él para ver si contenía alguna información más. Pero no; no sé si para estimular la imaginación del transeúnte, por un error de planteamiento publicitario o porque se supone que está concebido para enterados, no para ignorantes como yo.
Respecto a la figura, imaginé que el corazón del revés sería, tal vez, una metáfora del decaimiento de la afectividad; pero no sé, es un decir; no me hagan mucho caso.
En cuanto a la expresión, me puse a pensar qué querrían abolir las anunciantes. Primero –a lo mejor influido por la imagen– supuse que podía tratarse de la soledad, que crece sin parar –sobre todo a raíz de la pandemia y el confinamiento–, hasta el punto de que el aislamiento comienza a ser un gran problema social, sobre todo para las personas de mayor edad. A continuación, me dije, tal vez pretendan llamar la atención sobre la necesidad de erradicar el hambre en el mundo, que, entre unas cosas y otras, está causando verdaderos estragos en la población mundial, en especial, en la infantil. Meditando un poco más, se me ocurrió que, quizás, el objeto de la abolición fuera más ambicioso: la pobreza; lo cierto es que de ella nace el hambre, y, en la medida en que se erradique, esta desaparecerá. Esto me llevó a plantearme que, acaso, se tratase de la injusticia, pues, al fin y al cabo, una aplicación cabal de la justicia haría imposible las tres desgracias anteriores. Por último, reflexionando, llegué a la conclusión de que, seguramente, se tratase de la desigualdad, ya que la eliminación de la misma es un acto de justicia, y no se puede hablar de justicia si existen la pobreza, el hambre y la soledad forzada.
El caso es que llegué a mi destino y fui informado de que, a petición de un colectivo feminista, se pretenden imponer los baños fluidos, es decir, no separados por sexos, para evitar, justamente, la desigualdad sexista que esta discriminación representa.
Así que creo que acerté: se referían a abolir la desigualdad.

Antonio Carrasco Santana

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