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Cartas al director

Álvaro Pombo y la quiniela de los papables

Recién se ha muerto el Papa y ya comienzan las cábalas sobre quién será el sucesor. Cada cual hace su pronóstico: vaticanistas y no vaticanistas, tertulianos de radio y televisión, blogueros de internet y plumillas de la prensa escrita. Un conocido del barrio, ducho en el arte de hacer quinielas, me dice que a Parolin se le está poniendo cara de pontífice y yo, más pendiente de lo de la mina de Zarréu, le doy la razón como a los locos. Pensándolo detenidamente… puede que acierte porque el italiano juega en casa, pero no sé yo si da el perfil.

Los purpurados, que tienen buen ojo, suelen encasquetarle el solideo a figuras apropiadas al discurrir de los tiempos. Recuerdo que en su día se sacaron de la manga a un polaco de apellido impronunciable, próximo al sindicato «Solidarność», muy mediático, que vino de perlas para contribuir a la demolición de los regímenes comunistas y guiar a los fieles en los años de la bonanza. ¿Y Ratzinger? Un teólogo riguroso, de misa tridentina, armiños y zapatos charolados, con menos carisma que un guijarro, no desentonaba en el fin de fiesta del capitalismo, acabó contagiándose de la depresión general que nos trajo la crisis y al final tomó las de Villadiego. En el último conclave, los príncipes de la Iglesia se decantaron por Bergoglio y su acento lunfardo y su andar de pies chuecos. Nadie como el porteño para aprovechar los vientos de la posmodernidad, el postureo y la anécdota con rango de importancia.

Con estos antecedentes y viendo como está el patio, lleno de fascistas, frentistas y personajes más propios de los sainetes de la época preconciliar, parece fácil intuir por dónde irán los tiros. Y puede que los Eminentísimos y Reverendísimos Señores hasta tengan ya tomada su decisión porque esto de los cónclaves se asemeja mucho a los concursos literarios en los que ya se sabe de antemano quién va a ganar. ¿Será el Papa del porvenir, hombre severo, diplomático pertinaz, diestro en la retórica del fin del mundo y la condenación eterna? ¿Sandalias, zapatos castellanos o rojos charolados? Esta vez puede que igual nos sorprendan.

Vuelvo a ver al de mi barrio y me sigue dando la tabarra con Parolin y yo le digo que mejor se dedique a cubrir la quiniela de esta semana, que incluye partidos de la liga sueca. También le digo que a mí lo que verdaderamente me quita el sueño son los 125.000 euros que le van a dar a Álvaro Pombo por el premio Cervantes. Ahí es nada.