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Cartas al director

Bendita idiosincrasia

A pesar de ese titánico esfuerzo de nuestros políticos y medios de comunicación a lo largo de décadas en pos de una uniformidad ciudadana alienante —amén de la de empresarios y sindicatos, siempre remando hacia la paz social a través del diálogo, que no de las subvenciones, las prebendas y el marisquito, como es de todos conocido—, todavía (menos mal) nos queda algo del Spain is different; no del eslogan sesentero, no, sino del espíritu anárquico que, de alguna manera lo provocó, y que, mucho antes de que existiera el anarquismo, ya traía de cabeza a reyes, emperadores y gobernantes de todo pelaje y condición, ya fueran liberales o autócratas, y que estaba presente como seña de identidad de nuestros más ilustres y atemporales personajes literarios. Unos, en versión soñadora, desnortada, ilusa, generosamente inútil y noble, como don Alonso Quijano; otros, como Monipodio, en el otro extremo, estandarte (o pendón, según se mire) del materialismo, de la venganza social, de la extorsión, del egoísmo, de la amoralidad y, consecuentemente, de la peor de las corrupciones, las que producen de todo menos cargo de conciencia.

En ambos casos (igual da a efectos históricos prácticos), un ejercicio de autodestrucción. Porque nuestra verdadera seña de identidad es el desacuerdo, incluso con nosotros mismos, el enfrentamiento fratricida, bien sea por los más altos ideales o por los más inconfesables intereses. No obstante, felizmente, esta particular naturaleza nuestra, tan transversalmente ideológica, no solo apenas nos deja progresar como pueblo en la bondad y la prosperidad, sino que, también, arrasa con la corrupción y la podredumbre o, al menos, la desnuda.

¡Qué bendición ver hoy, miércoles 4, a los sinvergüenzas más señalados, los del candelero y el candelabro por las mascarillas, los hidrocarburos, las sobrinas, la fontanería, los bulos, las honradas declaraciones progresistas, los fangos, las casquerías, las cloacas y demás despojos del carpe diem cainita patrio a tortas, matándose entre ellos, por demostrar quién ha sido menos innoble en la corrupción!

Si no te reconocen como diferente, ni eres español, ni eres nada; solo te queda ejercer las acciones legales oportunas para restituir tu (des)honor mancillado.

Antonio Carrasco Santana

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