Cartas al director
La pinza
Veo la entrevista que Ana Rosa le hace al líder de Vox, Abascal, un personaje que, no lo puedo negar y yo soy muy claro, no me gusta ni mucho ni poco, aunque considere que, como dijo Rafael el Gallo, hay gente «pa tó», y que su esfuerzo por echar a los menores inmigrantes y cerrar las puertas a los inmigrantes procedentes del norte de África, aliñado por una propaganda salvaje relacionándolos con la inseguridad, es compartida por bastantes españoles que aún teniéndose por católicos desconocen el amor al prójimo. Y es el caso, además, de que estando en contra del globalismo, recurre a las soluciones globales en materia de inmigración y de energía. No habrá muchas otras cuestiones en que la soberanía nacional requiere planteamientos universales porque en realidad hoy la interrelación entre multitud de países es un hecho?
Como siempre, desde que tengo uso de razón, lo que no es tan sencillo alcanzar, he sido partidario del principio de subsidiariedad como eje vertebrador de la organización territorial y de la convivencia humana, por lo que no puedo compartir cualquier tipo de nacionalismo, ya sea regional o de Estado, porque la vocación social humana tiende por naturaleza a buscar asociaciones territoriales que permitan mejorar las condiciones de vida, rechazando las soluciones tribales del nacionalismo y del soberanismo basado en un supremacismo identitario que se manifiesta indefectiblemente en el racismo y la xenofobia.
Es, posiblemente, la escasa aplicación del principio de subsidiariedad a que está obligada la Unión Europea, en el artículo 5 de su Tratado, la que está dando lugar a quejas justificadas desde diversos estados con el consiguiente vuelco en los resultados electorales que deben servir de advertencia a las autoridades europeas, dormidas en el hedonismo burocrático que solo ha hecho crecer un aparato inservible.