Cartas al director
¿Es esto medicina?
Leo con estupor que un pediatra del Hospital de Cruces ha sido amonestado por acompañar a una niña terminal fuera de su horario laboral.
Desconozco más datos y no me gustaría ser injusto, peor si esto es así, esta no es mi profesión, que me la han cambiado.
He sido médico de cabecera 45 años, de aquellos de veinticuatro horas al día al vivir y trabajar en un pequeño pueblo.
Trabajar como nos tocó hacerlo hizo que aprendiéramos bastante sobre las patologías prevalentes y que cada uno tuviera su «rama» favorita. No me gustaba la cardiología, sí el dolor y cuidados paliativos.
Empezar a trabajar con veinticuatro años predispone a la prepotencia y a creer que el paciente es «culpable» de lo que le pasa. Craso error del que te sacan la edad, la experiencia y la fe y el cariño que te llegan a profesar muchos de tus pacientes. En reciprocidad, la paciencia, el saber escuchar, ponerte al otro lado de la mesa, llevarte a casa preocupaciones e implicarte más allá de tu estricta obligación es la mejor manera de devolver la confianza que depositan en ti.
¿Siempre? Seamos honestos, no. Por la razón que sea hay pacientes —la cosa supongo debe de ser recíproca— con los que no puedes lograr empatizar y toca soportarnos con la mayor profesionalidad. Algunos no se cambian de médico porque creen que, a pesar de todo, eres el mal menor, otros por si te toca atenderlos en una guardia… Con ellos, por si hay alguna duda, he aplicado todo lo que podía hacer a mi leal saber y entender, pero no es lo mismo.
He aguantado trabajando todo lo que he podido, pero leyendo lo de arriba, pienso que me he ido a tiempo.