Cartas al director
Amarrarse al sillón
El apremio y la presiónppolítica sobre Pedro Sánchez se intensifica tras las últimas actuaciones judiciales vinculadas al 'caso Koldo'. Pedro Sánchez, como ya sabíamos, ha decidido amarrarse al sillón de la Moncloa el tiempo que le queda, aunque deje España como la palma de la mano, en absoluta ruina. Está dispuesto a todo, arruinar y desmantelar la unidad nacional y endeudarnos hasta las cejas, más allá de nuestros límites con tal de aguantar y pegarse al sillón unos meses más.
La entrada de la Guardia Civil en la sede socialista, mientras Sánchez sigue acorazado y blindado en la Moncloa, supone el golpe definitivo a la vida política del (nefasto) presidente del Gobierno. Los argumentos e indicios que tiene en su poder el juez del Tribunal Supremo serán idóneos como para enviar a la UCO a registrar. Su mujer, su hermano, su fiscal general del Estado, Ferraz, el Ministerio de Transportes y Adifx, y muchos informes que apuntan a Ángel Víctor Torres, Air Europa, Sánchez, Begoña, David, Ábalos, Koldo, Cerdán, Armengol, Leire, el fiscal general. La deriva moral y política de Pedro Sánchez ha excedido todos los límites. Y sus dos secretarios de organización del PSOE y compañeros de viaje están ante la Justicia por múltiples y gravísimos casos de corrupción, todavía presunta. Y él sigue escondido en el Palacio de la Moncloa. Los recientes y múltiples escándalos pueden ser la guillotina que corte de cuajo su Presidencia. Me huele que ya ha comenzado la cuenta atrás. Que ya estamos en los últimos días de Pedro Sánchez.
Ya no vale resguardarse ni parapetarse en las corrupciones del PP, el jefe del Ejecutivo y secretario general de los socialistas ya no tiene escapatoria. Debería apartarse y largarse antes de ser desahuciado y expulsado del poder por sus propios compañeros, por sus militantes y sus socios de legislatura. Y para rematar su indeseable faena, Pedro Sánchez, y todo su séquito ministerial, intentan bloquear la subida del 5% en la OTAN para ocultar, camuflar y disfrazar sus debilidades tras los escándalos.