Cartas al director
Corbatas y complejos
A colación del próximo congreso del PP, me vino el otro día a la cabeza un recuerdo del congreso que se celebró en 2017 en la Caja Mágica, cuando era un joven recién llegado a la capital con el único fin de estudiar y descubrir mundo. Ese chaval de provincias decidió afiliarse al PP porque, aún inocente, pensaba que era la mejor forma de defender España y los valores y convicciones que profesaba.
En aquel congreso participé en calidad de voluntario, dando las credenciales a los compromisarios del partido, muchos de ellos ilustres nombres del PP. En aquella primera mañana, como muchacho de pueblo donde en casa la corbata era para ocasiones especiales —y, sobre todo, símbolo de respeto y seriedad ante un acontecimiento importante—, me anudé la corbata con la mejor de las intenciones.
Al llegar, uno de los encargados de la organización del congreso, cuyo nombre no mencionaré, me dijo que esa no era la imagen que debía dar el partido y que hiciera el favor de quitármela. Mi respuesta fue que, bajo ningún concepto lo haría: si esa no era la imagen que quería el partido, sí era la imagen que quería dar yo. Al día siguiente volví a llevarla, pese a los comentarios de algunos presentes.
Lo importante no era la corbata, sino lo que subyacía en la invitación a no llevarla por parte de quienes ya estaban enraizados en la organización. Los complejos del PP llegaban —y llegan— hasta ese punto.
A la vista del enfoque y los protagonistas del nuevo congreso, poco o nada ha cambiado en el partido. Los moderados «moderistas» del centro centrista, europeo y europeísta siguen copando el PP, y se preocupan más por lo que opinen de ellos quienes jamás les votarán que por su potencial electorado. Y lo hacen a sabiendas de que parte de ese electorado, al igual que ocurre con el del PSOE, los seguirá votando, aunque vayan en contra de sus propios intereses.
Me temo que en este congreso habrá pocas corbatas y muchos complejos.