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Cartas al director

La ética y la política

Cada día son mas evidentes las debilidades de nuestro sistema representativo, que ha distanciado drásticamente el discurso interno de los partidos, de las opiniones y deseos de sus representados. El ciudadano piensa que los partidos priorizan sus propios intereses a los compromisos con sus votantes, lo que motiva el descrédito de la política. El poder tiende a generar una endogamia que se gestiona con reglas propias, casi siempre al margen de la ciudadanía. La mentira y el incumplimiento de las promesas colocan a sus autores fuera de la ética de las convicciones que definiría Max Weber.

El ciudadano rechaza el comportamiento ético voluble, rechaza que el listón de las exigencias varíe en función del cargo que se desempeñe. No se puede tener un código ético para cada ocasión. No se puede ser en un mismo mes constitucionalista y no constitucionalista. A nuestros dirigentes, en general, les gusta el teatro y tienden al travestismo político, interpretando un papel distinto en el gobierno que en la oposición. Sánchez, en la oposición, criticaba la ley de seguridad, la conocida 'ley mordaza', y ahora gobernando, la ministra Calvo ha amenazado con amordazar a los medios cercenando por ley la libertad de expresión. La ministra Robles califica de falta de respeto pitar al presidente del Gobierno y, sin embargo, en la oposición consideraba que pitar al Jefe del Estado era libertad de expresión.

Estas contradicciones partidistas y sectarias llevan la frustración al ciudadano y el descrédito a la política. Nos faltan estadistas, políticos que como definió Churchill, piensen en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones.