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Cartas al director

La actitud de Marlaska

Es juez y conoce mejor que nadie cuáles son las responsabilidades de un superior ante los presuntos delitos que ha podido cometer un subordinado. En este caso, un subordinado con el que Marlaska mantenía una relación tan estrecha, tan continuada, que si no conocía sus andanzas presuntamente delictivas, era porque no había cumplido con sus obligaciones de estar atento a lo que hacían y deshacían quienes estaban a sus órdenes. En democracia, el derecho penal e internacional recoge que los jefes son responsables de no prevenir o castigar los presuntos delitos de sus subordinados. Es impensable que Marlaska, juez que investigaba de forma minuciosa y no se le escapaba nada, no haya detectado el clima que existía en torno al DAO, con fama de poner cerco a mujeres con las que trabajaba, las presionaba para que cedieran a sus sugerencias sexuales y en algunos casos ofrecía ascensos o traslados muy apetecidos a mujeres de las que aspiraba recibir favores sexuales.

La rumorología era tan insistente en ese sentido, que pocos policías creen al ministro cuando afirma que no sabía nada sobre la vida personal del DAO. Si efectivamente desconocía todo, entonces falla la capacidad del ministro para ejercer su trabajo, en el que la información es elemento clave. También cuesta creer que nadie le alertara sobre el comportamiento del hombre más poderoso de la Policía Nacional, más que el propio director general. La estratagema de Marlaska de decir que solo dimite si la propia víctima le exige que considera que no ha recibido el obligado apoyo ante la agresión sexual recibida, es una trampa. Marlaska, por juez y por ministro, sabe perfectamente que un policía, más si es mujer, difícilmente denunciará a un superior. Podría acabar sancionada, o expulsada, si no aporta pruebas. Es la razón de que grabara el encuentro con el DAO al que fue obligada, y la razón de que, tras meses de depresión y problemas mentales que la llevaran a pedir la baja, presentara denuncia ante un juzgado y no ante una comisaría.

Tenía miedo a que le taparan la boca o intentaran desprestigiarla para salvar al DAO. Ya había sido amenazada, y también presionada para ocupar un buen cargo lejos, para apartarla. ¿Nadie sabía nada en las alturas, nadie informó al ministro, nunca Marlaska advirtió nada? Si es así, está obligado a cesar a quienes le rodean, por ineptos y desleales. Pero, analizada la situación, quien debe dimitir o ser cesado es él mismo. Por agarrarse a su puesto de forma tramposa, al intentar salvarse alegando que solo dimitirá si la víctima de agresión le acusa de no protegerla. Pónganse en la situación de ella: una policía declarando contra su ministro.

Genaro Novo

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