Cartas al director
Europa huérfana
Quizás por ser hijo de quien dedicó gran parte de su vida al protocolo de Estado, o quizás sea por deformación profesional, no lo sé, yo me fijo en cosas que otros pasan por alto y no comentan, y que creo son muy significativas y reveladoras. Las formas son importantes en las relaciones internacionales, y en la vida en general, y actúan como símbolos. Y el hombre es «el ser simbólico» por excelencia, como lo definió el filósofo Ernest Cassirer. A veces, incluso, parece que tras las formas no hay fondo alguno… Eso es lo que ocurrió con nuestro presidente del gobierno y su discurso en la Conferencia de Seguridad habida en la ciudad alemana de Múnich, el fin de semana pasado: breve (quizás sólo fue un acto de presencia para salir en la foto), en el que habló de desarme nuclear… y de «rearme moral»: «con un par», como acostumbra a decir mi amigo Pérez-Maura.
Dos son los gestos que me han llamado la atención respecto al discurso en dicho foro del secretario de Estado de los EEUU, el Sr. Marco Rubio. En primer lugar, su discurso fue interrumpido en dos ocasiones por los aplausos de la audiencia; y dos, esa misma audiencia se puso de pie para ovacionar al exsenador al término de su intervención. Nada de eso ocurrió con los demás conferenciantes de otros países.
Los analistas diseccionarán el contenido del discurso del Sr. Rubio y lo analizarán en detalle. Pero los dos gestos antes mencionados revelan un sentimiento creciente, y reciente, en Europa: la nostalgia del padre. Ambos gestos están íntimamente relacionados, pero en lo relativo al primero se puede ir más al detalle: los aplausos se sucedieron cuando el secretario de Estado dijo que los destinos de Europa y EE.UU. están «entrelazados» (entangled), y cuando afirmó que los EEUU es «hijo (child) de Europa» desde un punto de vista civilizacional. Pero el hijo de antaño se convirtió hace décadas en el padre de ayer, y hoy amenaza con el abandono. Más exactamente, no en 1945, como dijo Rubio, sino en 1956, con motivo de la llamada 'Crisis de Suez', en la que la Unión Soviética y EE.UU. les dijeron a Francia y al Reino Unido que, a partir de entonces, los únicos que mandaban eran ellos.
Vivimos en un desorden multipolar, en el que el derecho internacional público se pisotea sin miramientos, y el multilateralismo de antaño agoniza. Europa se siente huérfana, como lo demuestran los gestos antes mencionados, y le toca madurar, es decir, hacerse cargo de su destino con sus propias fuerzas. Duro.