Cartas al director
Racismo latente y activo
Sería fácil disculpar al energúmeno, espectador o jugador que insulta a otro de modo que afecte a su dignidad como persona basándose en el color de su piel. Con decir que al dirigirse a un jugador contrario y no al jugador de su equipo con el mismo color, justificaríamos el insulto como solamente dirigido a una persona dentro del contexto del futbol, y lejos de ser un caso de racismo. Si negamos el racismo, negamos al racista. Nada ha sucedido y la fiesta continúa. El insulto con referencia al color de piel, raza sexo o religión es algo más profundo y se concretiza en odio. El caso actual del futbolista Vinicius, que por su forma de jugar y de ser se ha convertido en el adversario a abatir, se convierte por el odio sobrevenido en el enemigo a batir, para lo que todo vale.
Los energúmenos seguirán insultando y una de dos, si lo saben serán racistas y si lo ignoran, dentro de ellos ya estará plantada la semilla que solo espera a que alguien la riegue para que brote el racismo.
La sociedad, nosotros, con nuestra permisividad, dejar hacer, ignorar, mirar para otro lado, estaremos regando la semilla del odio al diferente, que por el hecho del color de su piel no deja de ser mejor o peor que todos nosotros. El fútbol no puede retrasar la solución a esto, ni un día más. Retirando un equipo, acabar el partido, expulsar al jugador de esa competición, cerrar un campo, y buscar y juzgar a esos espectadores con cabeza y sin cerebro, y no pensar en políticas que anulen el fútbol, es la mejor solución. Mi experiencia de vida me ha dado la oportunidad de conocer y disfrutar de la compañía y amistad de personas de diferentes razas y culturas, y solo me queda el recuerdo agradecido de todas ellas. No puedo transigir, aceptar, y sufrir ni un segundo estas afrentas que avergüenzan al ser humano.