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Cartas al director

La nueva ola

Gustavo Petro habló con Trump y vio la luz. Como la ha visto Panamá, Argelia e India y la va a ver en breve Canadá.

Petro informó a Trump de que los grandes capos de la droga no viven en Bogotá, la capital de su Colombia, sino en Dubai, Madrid y Miami.

En el Guadalquivir siguen quejándose de que los narcos se mueven con desenvoltura y aparcan sus lanchas superrápidas en donde les viene bien según sople el viento. La madre de uno de los guardias civiles asesinados en Barbate continúa en Europa su cruzada para reivindicar que el asesinato de su hijo no haya sido en vano.

Una ola ha recorrido el mundo. La ola de la necedad. Creían haber despertado, woke, cuando en realidad sufrían amnesia y narcisismo.

Ahora quieren asustar porque otra ola avanza por el mundo. Pero no es la del fascismo y el racismo. Es la recuperación de la recta interpretación y gestión de la realidad.

Mientras aquí el Gobierno pretende regalar la nacionalidad a nietos y recién llegados, Suecia, que nos lleva 30 años de ventaja, exigirá ocho años de residencia, un contrato laboral con sueldo mínimo de 2.000 euros mensuales y un examen de idioma y cultura del país para ser ciudadano sueco.

Y a Mouliaa decirle que no se trata de falta de veracidad sino de ausencia de tipicidad. Que ser baboso no es delito.

Teresa Rivera

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