Fundado en 1910
José Manuel Cansino

La materia crítica que fue española y nos dejamos arrebatar

En 1962, España dependía críticamente de los fosfatos por carecer de ellos en la península y ser el componente básico para la fabricación de fertilizantes agrícolas

Pedro Fernández-Barbadillo, extraordinario periodista e historiador, acaba de publicar un justo artículo con motivo del fallecimiento del geólogo Manuel Alía Madina, descubridor en 1947 de los yacimientos de fosfatos de Bu Craá en el Sáhara Occidental español. El depósito de fosfato estaba situado en la zona Norte del Sahara Occidental, aproximadamente a unos 107 km al sureste de El Aaiún, capital de la provincia Sahariana y a unos 100 km de la costa atlántica.

Pero la explotación de los yacimientos descubiertos por Manuel Alía tuvo que esperar más de una década hasta que, probada la magnitud del yacimiento, el rendimiento de los minerales y el hecho de que al encontrarse casi en la superficie permitiese la explotación a cielo abierto, la corporación industrial del INI crease en 1962 la empresa que acabó conociéndose popularmente como FosBu-Craa.

Cuando el Sáhara Occidental fue reconocido internacionalmente como colonia española, su interés geoeconómico se limitaba a ser un enclave para reforzar la actividad pesquera realizada fundamentalmente desde las Islas Canarias y la soberanía española de las propias islas. Tierra adentro, el Sáhara era un territorio desconocido. Dejó de serlo gracias al arrojo y diplomacia de dos oficiales del ejército español, Francisco Bens y Emilio Bonelli. Sin apenas recursos ni tropa, desde el acuartelamiento de Villa Cisneros fueron explorando y preparando asentamientos en el interior como la ciudad de Tarfaya. Todo con la aprobación de la población nómada y nativa que veían a los españoles como otro pueblo más del desierto.

Pero la puesta en marcha de FosBu-Craa se hace en un contexto político en el que el panarabismo de inspiración socialista ya se había extendido en el norte de África desde Egipto, Libia y la fronteriza Argelia con el Sáhara español. Los efectos de ese panarabismo y las reivindicaciones de Marruecos ya habían pasado factura a España con la entrega de la provincia de Ifni a pesar de que la intervención militar española en una guerra nunca reconocida, había dejado clara la superioridad del ejército español frente al marroquí.

Paradójicamente al gobierno del Geneal Franco y al rey Hassan II les unía su posicionamiento político contrario al comunismo que alentaba abiertamente desde Argelia las reivindicaciones soberanistas saharauis frente a España, Marruecos y Mauritania. Ni Hassan II supo ver en España a un aliado para frenar esta expansión (ni siquiera tras la entrevista que ambos jefes de Estado mantuvieron en Madrid en 1963) ni tampoco luego el Frente Polisario a partir de su consolidación en 1970, vio en España la mejor cobertura frente a Marruecos y Mauritania.

FosBu-Craa supuso un fortísimo impacto económico sobre la zona. Aunque lo más recordado sigue siendo la construcción por el grupo Thyssen-krupp de los más de 100 kilómetros de cintra transportadora desde la mina hasta tres kilómetros mar adentro, así como el propio puerto, el principal impacto fue el pago de los elevados salarios a los empleados de la compañía, mayoritariamente saharauis y canarios.

La empresa española levantó también el campamento de Bu-Craá, enclavado en pleno desierto, a más de 100 km de un núcleo de población. En él vivían los trabajadores de la mina, contaba con las instalaciones de residencia, esparcimiento y convivencia. Además se construyó en la mina un poblado para las familias de los trabajadores nativos. En El Aaiún, la capital, se edificaron las viviendas, las residencias y los centros sanitarios para alojar y atender a los trabajadores de FosBu-Craa y a sus familiares. También la empresa se ocupó de la formación profesional de la población saharaui.

El yacimiento de Bu-Craá, con unas reservas estimadas de más de 1.300 millones de toneladas, reforzó la reivindicación de Marruecos sobre la colonia española y lo mismo hizo con el independentismo saharaui ya liderado por el Frente Polisario. Marruecos supo ver en la opción española la mejor forma de evitar que el bloque soviético tuviese acceso a la costa atlántica (visión que también compartía EE.UU.). Tampoco, el Polisario vio en España a la única potencia militar con capacidad suficiente para lograr un estatus de soberanía para el Sáhara a lo estado asociado frente a las aspiraciones marroquíes y mauritanas.

España nunca ha sido una potencia depredadora usando el término que acuñó el recordado filósofo Gustavo Bueno. Tampoco en Ifni o en el Sáhara. Sin embargo, en la batalla por el relato se ha silenciado la voz de todos los saharauis que veían en España a su propia Nación o a su mejor aliado. Se ha impuesto una visión completamente manipulada según la cual, la identificación del pueblo saharaui con el Frente Polisario y su ideario social-comunista era unánime. No fue así. Ahora es el tiempo del lamento tardío de unos por no ver al mejor aliado y de los españoles por no haber usado la diplomacia con la misma habilidadque los oficiales Francisco Bens y Emilio Bonelli utilizaron para asentarse en el interior de las cálidas arenas del desierto del Sáhara español por las que sigue cruzando, como el espectro de una larga mano tendida, una cinta transportadora de más de 100 kilómetros que muere océano adentro.

  • José Manuel Cansino. Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
comentarios
tracking

Compartir

Herramientas