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José Manuel Cansino

La cesta de la compra y la suela de los zapatos

Cuando el poder adquisitivo de una familia se reduce, la cesta de la compra experimenta cambios para optimizar el presupuesto

Seis de cada diez alimentos de los que ponemos en la cesta del supermercado son de marca de distribución o marca blanca. Esta opción es particularmente la preferida entre los consumidores jóvenes. Se abandona sin gran problema la fidelidad a las marcas tradicionales en favor de promociones y descuentos en diferentes establecimientos. El precio manda y el gasto medio por persona al año en España se estima en unos 1.787 euros. No hay para más.

Unamos a lo anterior que el tiempo que se nos va por el sumidero del trabajo nos hace aumentar la presencia de platos preparados en esa misma cesta y es aquí cuando comienza un dilema que se resuelve expeditivamente por el tamaño de nuestra cartera virtual. Sin duda me refiero a esa cartera que llevamos mayoritariamente instalada en el teléfono móvil. Los nutricionistas y expertos en salud preventiva llevan décadas advirtiendo de las bondades de la dieta saludable. Nuestro escaso tiempo y reducido dinero virtual nos avisan de que una cosa es predicar y otra dar trigo. Los hábitos saludables están más en salir a correr o en inscribirse en un gimnasio de bajo coste. Una cesta saludable es mucho más costosa.

Cuando el poder adquisitivo de una familia se reduce, la cesta de la compra experimenta cambios para optimizar el presupuesto

Efectivamente, cuando el poder adquisitivo de una familia se reduce, la cesta de la compra experimenta cambios estructurales profundos que buscan optimizar el presupuesto. Esta evolución se manifiesta en algunas estrategias principales para las que no hay que pasar por una Facultad de Economía.

La primera es sustituir buena parte de los alimentos frescos, especialmente carne de vacuno y pescado fresco, por sus versiones congeladas. Además, las proteínas de este tipo de alimentos frescos se sustituyen por proteínas más económicas como huevos o legumbres. Para ser rigurosos, las segundas van camino de imponerse a los primeros visto que su precio subió más de un 30 % en el último año. Ni alimentos frescos ni huevos de corral puestos por gallinas que se pasean ufanamente por el campo. Productos como el café o el chocolate están corriendo la misma suerte.

Tradicionalmente, en esta primera estrategia siempre se ha sumado la sustitución del aceite de oliva por aceites vegetales más baratos (girasol o semillas) para frituras. La abrupta bajada del precio del aceite de oliva en esta última campaña ha moderado este reemplazo. En cualquier caso, seguimos apartándonos de la dieta saludable y no por ignorancia sino por estrechez económica.

El tamaño de la cesta media española ha caído drásticamente pasando de unos 23 productos a solo 12 por compra

La segunda estrategia es desgastar la suela de nuestros zapatos. El tamaño de la cesta media española ha caído drásticamente pasando de unos 23 productos a solo 12 por compra. Hacemos cada vez más visitas al supermercado ya que las familias prefieren hacer compras más frecuentes y pequeñas en lugar de grandes compras mensuales para evitar el desperdicio y controlar el gasto diario. Tirar a la basura los alimentos caducados es financieramente imperdonable.

Los datos respaldan que esta segunda estrategia es una realidad. La tendencia de compra de las familias en España está evolucionando de manera clara en los últimos años: hay un desplazamiento sostenido desde los grandes hipermercados hacia formatos de supermercado más pequeños y de proximidad. Los formatos de hipermercado han visto caer su cuota de mercado en 2025, situándose alrededor del 10–14 %, con descensos continuados en los últimos años. Más del 50 % de las tiendas de gran consumo en España son formatos de proximidad y conveniencia.

Junto a lo anterior, naturalmente, hay otra forma de hacer la compra y las cuentas. Por una parte, el envejecimiento demográfico obliga a muchas familias a resolver sus necesidades con pedidos on line pese a no ser nativos digitales. Por otra, están los compradores premium.

Efectivamente, decíamos la pasada semana que el indicador P80/P20 que mide la desigualdad de la renta comparando la suma de ingresos del 20 % de la población más rica (P80) con la suma de ingresos del 20 % más pobre (P20), tomaba el valor de 2,8 también para 2023 según el INE. Esto significa que significa que el 20 % más rico gana 2,8 veces más que el 20 % más pobre. Indudablemente este es el espacio que ocupan aún las marcas y el criterio de la calidad sobre el precio. No es el mayoritario pero sí tiene un poder de compra incuestionable.

  • José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino
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