Siga al dinero (pero sin prejuicios)
Prestamos mucha atención al comercio visible aunque el dinero cambia de manos a través de operaciones financieras no visibles
La mayor parte de los clientes de las empresas españolas de bienes y servicios residen en España. A pesar de la importancia de este hecho, el interés informativo se centra más en el comercio internacional. Puede que tenga sus explicaciones; ser capaz de exportar significa que eres más competitivo que los demás, ser importador tiene un cierto aire de vulnerabilidad o dependencia de la economía nacional y, desde luego, ahora que todos somos expertos en geopolítica, el comercio internacional da para muchos cafés y exhibicionismo de experto. Pero veamos la cuestión sin juicios previos.
Sorprende para España que únicamente el proyecto C-Intareg que dirige el catedrático Carlos Llano con el patrocinio de sólo ocho regiones, ofrezca datos sobre el flujo de transacciones entre comunidades autónomas. Una información tremendamente útil por dos motivos. Uno estrictamente crematístico; esto es, identificar dónde están mis potenciales clientes. El otro, de cohesión nacional. Una de las mayores jarras de agua fría con la que se diluyó el cóctel del golpe de estado secesionista en Cataluña fue cuando Convivencia Cívica Catalana y el profesor Clemente Polo, del Foro de Profesores, pusieron los números de dónde estaban los más importantes clientes de las empresas catalanas.
Entre las potencias más económicamente abiertas del mundo, léase EE.UU., China. India o Méjico, la Organización Mundial del Comercio (OMC) informa que el porcentaje del comercio exterior (sumando exportaciones e importaciones) sobre el total del PIB, se mueve en un rango de entre el 30 % y el 60 %. Lo que pasa en España se replica en el resto del mundo; la demanda interna de cada país es el principal motor económico.
De hecho, para que la OMC catalogue a una nación como fuertemente exportadora o importadora sólo le exige que sus exportaciones o importaciones superen el 10 % del valor total de las mercancías producidas en el interior.
El volumen mundial de exportaciones de mercancías para 2024 superó los 24 billones de dólares americanos (uso el billón como 10 elevado a las 12). El volumen de importaciones fue muy similar, pero no es a través del denominado comercio visible (lo que se ve en los contenedores de puertos y aeropuertos) por donde fluye el mundo entre países. La balanza comercial, la que registra ambos movimientos, no es la más importante si queremos ver por dónde fluye el dinero en el mundo.
La Balanza de Pagos es el sofisticado documento en el que quedan registradas todas las operaciones económicas que un país realiza con el resto del mundo anualmente. Tiene dos grandes sub balanzas, la balanza por cuenta corriente y la balanza financiera y su suma siempre tiene que ser nula. Una explicación intuitiva pero insuficiente está en que si un país registra un déficit primario (pongamos que debido a que importa mucho más de lo que exporta), los residentes extranjeros le tienen que prestar el dinero con el que enjugar ese déficit en forma de entrada de capital a través de la balanza financiera. Ambas cantidades, anotadas con signo distinto, se cancelan.
Pero el movimiento internacional del dinero es más complejo. La balanza corriente para un país desarrollado registra entre el 20 % y el 30 % de las operaciones con el exterior, el resto se anotan en la balanza financiera.
Pongamos un ejemplo sencillo, supongamos que un fondo de inversión húngaro compra un porcentaje de las acciones de Talgo superior al 10 %. Esta operación se anota con signo negativo en la balanza de inversiones directas (que pertenece a la balanza financiera) y con signo positivo en la balanza de reservas de monedas (que también pertenece a la balanza financiera).
En definitiva, prestamos mucha atención al comercio visible aunque el dinero cambia de manos a través de operaciones financieras no visibles. De igual forma, prestamos más atención al comercio exterior que al interior, a pesar de que es el consumo doméstico es cuantitativamente más importante. Naturalmente casi todo lo escrito admite matices. Por ejemplo, el reciente bombardeo del norte de Nigeria por los EE.UU. contra los núcleos yihadistas en el país podría afectar al suministro de petróleo a España, ya que es nuestro principal proveedor. En general, cualquier parte clave de nuestra cadena de suministros que se vea afectada por un conflicto internacional nos supondrá un desafío aunque nuestros clientes estén en el barrio.
El dinero se mueve. Se mueve mucho y la mayor parte de los movimientos son imperceptibles mientras que tomamos un café asegurando que las implicaciones del bombardeo a Venezuela por los EE.UU. serán las que estemos contando.
- José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino