Impuestos y pastores: economía en torno al pesebre
Las tasas y la preferencia por los pobres son las dos cuestiones de fuerte dimensión económica que aparecen en la Nochebuena
Dos cuestiones económicas están presentes en el nacimiento de Jesucristo en Belén. Tienen muy diferente relevancia pero –en un día de Nochebuena como el de hoy– bien merecen un espacio en la sección de economía de este periódico.
La primera es la dimensión fiscal del censo decretado por el emperador Augusto que motiva el desplazamiento de San José y la Virgen María desde Nazaret a Belén. El censo se tomó varios años en completarse y tuvo dos fases, la primera de las cuales es la que motivó el viaje. Esta primera fase consistió en un registro de los bienes de interés fiscal para la Hacienda romana; una especie de registro catastral o, más exactamente, un registro de la propiedad inmueble tanto rústica como urbana.
José, descendiente de la casa de David, debía tener alguna propiedad en Belén y hasta allí se desplazó para dejar constancia de su titularidad y, de paso, dar cumplimiento inconscientemente a la profecía de Miqueas. En la segunda fase de elaboración del censo, se establecería la cuantía de los tributos a pagar por cada pechero o contribuyente. Ratzinger, gracias al que podemos conocer cuanto aquí escribimos, subraya la magnitud del propósito del emperador Augusto al mandar levantar este censo. La suya era darle una magnitud universal, ecuménica, por cuanto lo concibió como una herramienta básica para la financiación de los servicios públicos del imperio. El difunto Benedicto XVI no lo plantea como una abusiva exacción tributaria que las naciones ocupadas debían pagar a Roma, sino como un sistema de financiación de la cosa pública; de la Res pública.
Los impuestos, incluso aquellos técnicamente rudimentarios, ya incluían una atención a los más desfavorecidos
La otra gran cuestión es la que desde hace unos años se denomina en la Iglesia Católica «la opción por los pobres». Tiene esta segunda cuestión varios hitos y el primero es el nacimiento en un pesebre de los que habitualmente se usaban en los alrededores de Belén para estabular al ganado. Así se entiende por uno de los evangelistas sinópticos –Mateo– cuando escribe «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
El segundo hito está también anudado al pesebre y cobra la dimensión del alimento. Por cuanto el pesebre es el lugar donde comen los animales que sobresalen en la narración histórica y teológica del nacimiento de Jesucristo, éste nace esencialmente como alimento –espiritual– de los hombres.
El tercero de los hitos en el marco de la opción de los pobres es la elección de los pastores como conocedores primeros del nacimiento. Indudablemente existe una razón lógica para esta prioridad; si el nacimiento sucede en una gruta-establo, quienes más cerca están son los cuidadores de los rebaños. Otro de los evangelistas sinópticos, Lucas, los señalará como los representantes de los pobres de Israel y de los pobres en general.
Impuestos y preferencia por los pobres son las dos cuestiones de fuerte dimensión económica que aparecen entorno a la Nochebuena. No son cuestiones del todo inconexas aunque ocupan posiciones teologales diferentes. En la célebre escena de la película de La vida de Bryan que tan descarnadamente usó Tony Cantó para desenmascarar la farsa independentista del «España nos roba», la particular asamblea de rebeldes ante la pregunta «¿Qué han hecho los romanos por nosotros?», no puede más que reconocer la acción redistributiva que suponía, por ejemplo, la construcción de infraestructuras públicas puestas a disposición de todos. Los impuestos, incluso aquellos técnicamente rudimentarios, ya incluían una atención a los más desfavorecidos. Lo que luego supone teológicamente la dignificación de la pobreza es, sin duda, escalar hasta la dimensión moral.
Curiosamente, y así se se ha subrayado por estudiosos como los académicos que conforman el Seminario de reflexión de la Universidad de Sevilla que, bajo la dirección del sacerdote y médico, Pablo Guija, analizan la edición completa del libro Jesús de Nazaret de Joseph Ratzinger. Lo que sí se ha subrayado digo, es la rapidez con las que los pastores salen al encuentro de Niño Dios, precisamente se ha subrayado al hilo de lo que el propio Benedicto XVI escribió; ¿Qué cristianos se apresuran hoy cuando se trata de las cosas de Dios? Probablemente son los que están más cerca de la inmensidad del continente africano que de las grutas de Belén. Allá donde los persiguen y asesinan ahogados en su sangre y en la indiferencia tanto mediática como de muchos de sus hermanos a lo largo y ancho del Orbe.
- José Manuel Cansino es catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, profesor de San Telmo Business School y académico de la Universidad Autónoma de Chile / @jmcansino