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Cartas al director

Ser o no ser, esa es la cuestión

Qué culpa tengo yo si no distingo muy bien la línea que hay entre recordar a una persona viva y el recuerdo de ella cuando ya no está.

Siento que en cualquier momento podría ir a su casa (no en el cementerio, allí no) y hablar con mi suegra, —que hace años que nos dejó—, pero siempre lo pospongo. Quizá otro día… El caso es que varias veces a la semana se me pasa por la cabeza y le dedico un rato, corto, hasta que se va de nuevo y entonces sigo.

Lo que decía del recuerdo; hace poco me enteré de que hacía más de diez años que había fallecido un compañero de mili. Diez años en los que yo había pensado en él como si estuviera en El Fenazar, su pueblo, donde trabajaba como «guardia del agua». No lo veía desde hace más de cuarenta años y lo imaginaba feliz, con su hija (no sé si tuvo más) y con su esposa, a la que imaginaba que seguiría unido… Y resolviendo cosas, porque, eso sí, era muy resolutivo. Pero no.

El otro día, visitando un pueblo de la sierra, Ricote, me encontré al compañero Yepes, que recuerdo que vivía por allí. Casualmente me lo encontré por la calle y pegué un frenazo. Abrazo grande, y la noticia: «Sabes lo del Piñero…» Había fallecido diez años antes de no sé qué cosa.

¿Y cómo te quedas? Diez años en los que, en mi cabeza, tuve con él varias conversaciones en las que le comentaba cómo me va la vida, de mis nietas, de lo ligeros que se pasan los años y el gusto que da recordarlos, que parece que fue ayer cuando nos sentábamos en las ventanas de telégrafos, en el Cuartel de Artillería de la calle Cartagena, mientras el Yepes hacía guardia. Los tres siempre juntos, todo por venir…

A partir de ahora, cuando quiera contarte algo, será casi lo mismo, pero, mientras te cuento, mi cabeza ya sabrá que no estás ahí y que se ha secado la posibilidad de que algún día pudiéramos cruzarnos por ahí, por tu pueblo, o por Murcia y saludarnos, pero, salvo eso, yo seguiré pensando en ti como lo que eras, amigo.

Descansa en paz.