Cartas al director
Lo que nos enseñan los domingos
Fue –y ha vuelto a ser– noticia la película de «Los domingos». Las declaraciones de la directora me han parecido de lo mejor de la Gala: que estaba abrumada por tanta repercusión, que no esperaba que se suscitara esa respuesta; que ella simplemente cuando algo no lo entiende intenta comprenderlo a su manera, que es con el lenguaje cinematográfico; y que le parece que, frente al cliché de la polarización, en verdad hay que intentar escuchar, comprender, etc.
Se ha hablado del fenómeno de la vuelta a lo religioso, a lo cristiano de la juventud; del ansía de Dios de la sociedad, desencantada por el mundo postmoderno como posible explicación de la película, del disco de Rosalía, etc. Esa percepción me parece adecuada, y creo que se abre un diálogo interesante entre la gente que vive sin Dios. Pero me parece que lo mejor de «Los domingos» es precisamente para los creyentes. Para los del «chiringuito», como dijo alguna iluminada.
Porque lo que siempre nos han enseñado –así lo he entendido– es la importancia de intentar comprender a los demás, de no juzgar, de escuchar (y de verdad), de ponerse en la piel del otro, de querer a todos (¡sí a todos!, «incluso a Juan», como el del chiste gráfico), y un largo etcétera que a todos nos suena, aunque nos cueste vivirlo. Y a veces veo –y a mí me pasa– que, hoy día, somos más reaccionarios que nunca, y en la directora tenemos un ejemplo de cómo abordar las cosas que no entendemos, que no compartimos, que no conocemos. Un acercamiento leal, honesto, a su manera, que no prejuzga sino que muestra: un ejercicio de escucha. Creo que precisamente podemos aprender de ella los que sí que somos de los domingos.