Cartas al director
Sesión en el Parlamento italiano
Lo ocurrido hoy en el Parlamento italiano merece algo más que una crónica apresurada: merece ser entendido. No es frecuente –y por eso mismo resulta tan elocuente–, que la oposición cierre filas con su propio Gobierno frente a una descalificación llegada del exterior. Y, sin embargo, así ha sucedido.
Ante las palabras altisonantes y poco elegantes del presidente norteamericano, Italia ha respondido como lo hacen las naciones que todavía conservan cierto sentido de sí mismas: con unidad. No era cuestión de siglas, ni de cálculos electorales, sino de algo más elemental y más serio: la defensa de las instituciones.
Hay gestos que valen más que largos discursos, y ver a adversarios políticos dejar a un lado sus diferencias para sostener una posición común reconcilia, siquiera por un momento, con la idea de la política como algo más que un intercambio de reproches.
No es patriotismo de pancarta, sino de fondo, de ese que no necesita ruido.
Frente al exceso verbal y la ligereza que hoy parecen moneda corriente, Italia ha optado por la sobriedad y el sentido. Y eso, sin necesidad de subrayados, dice bastante.