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Cartas al director

Gimnasios llenos, cunas vacías

Las ciudades se llenan de gimnasios con la misma lógica expansiva que los supermercados: franquicias del cuerpo perfecto en un escaparate de individualismo. No venden salud; venden una idea de éxito basada en la autosuficiencia, en el «yo» como único proyecto vital. Y, mientras tanto, las instituciones observan con una pasividad que empieza a resultar sospechosa.

Porque los datos no admiten maquillaje: en 2030, la mitad de las mujeres en este país no tendrá hijos. En 2039, el 40% de las viviendas serán de una sola persona. No es una anécdota demográfica, es un cambio estructural de consecuencias profundas. Y, sin embargo, la respuesta política oscila entre la inacción y el eslogan vacío.

Se fomenta –por omisión o por cálculo– un modelo de vida donde todo es individualizable: la comida, la vivienda, el ocio… incluso el sentido de la existencia. El gimnasio, convertido en templo, sustituye al hogar; el espejo, al futuro compartido.

Resulta difícil no ver en todo ello una suerte de quinta columna silenciosa: un proceso que erosiona los vínculos, desincentiva la natalidad y convierte la sociedad en una suma de individuos aislados, perfectamente funcionales… hasta que dejan de serlo.

Y entonces cabe preguntarse, sin ironía: si no nacen niños, ¿qué exactamente están administrando nuestras instituciones? Como el cortoplacismo político, del que se alimentan, el paso de la ideología al «yo conmigo mismo» es más corto –y más rentable– de lo que parece.

Pedro Marín Usón

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