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Cartas al director

Días luminosos

Un nuevo septiembre y con él llega una nueva estación. Terminan los días luminosos, los calurosos atardeceres y el tiempo que se desliza eterno. Asoma el final del esplendor en la hierba y, miremos donde miremos, una dulce sensación de pérdida lo envuelve todo. Septiembre es un mes marcado por las despedidas y los adioses, cierta decadencia que lo hace diferente y hermoso.

Parece que la placidez del verano propicia la intensidad de los enamoramientos, unos tan fugaces como las Perseidas y otros más duraderos. Son momentos de ocio, de disfrute y de jovial entusiasmo, qué mejores excusas para dejarse llevar. Por otro lado, la caducidad de los amores estivales dota a estos de una vaga belleza, será que lo efímero nos acerca a lo divino. Ya dijo el político, escritor e inventor americano Benjamin Franklin que el tiempo es la materia de la que está hecha la vida, así que no debemos perderlo. Pero es esta una sustancia que se nos escapa de entre las manos antes de que podamos darnos cuenta, demasiado tarde. Mientras oímos cómo discurre el implacable compás tic-tac, tomamos conciencia de la condición humana.

La sombra de una melodía me persigue estos días allí a donde voy, I will always love you, para recordarme la partida del verano. La compuso en 1973 Dolly Rebecca Parton, cantante estadounidense fallecida recientemente, aunque todos la conocemos interpretada por la inmortal Whitney Houston en la película El guardaespaldas. No me cuesta nada recomendarla en la deliciosa voz de soprano de su autora. Cuando la escuché cantada por Dolly, me emocionó su delicadeza, no exagero. Habla de una pérdida, de una triste pero obligada despedida. Ahora que el verano se desvanece.