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Cartas al director

Escenario distópico nacional

El Gobierno de España ha impuesto un escenario distópico nacional.

Soy un lector asiduo de Ortega y Gasett, especialmente de sus dos obras de referencia, España Invertebrada y Rebelión de las Masas.

Se pueden traer a colación multitudes de citas que bien podrían ilustrar lo absurdo de nuestro tiempo. Sería un trabajo excesivo.

Lo único que sí puedo concluir es que, en Ortega, la viabilidad de un sistema político o de un gobierno no depende de la ideología, sino de la eficacia y de su utilidad en la búsqueda del bien común.

Ahora bien, cuando un gobierno se ancla en el radicalismo polarizante, excluye al adversario y lo convierte en enemigo a batir (lo del muro), entonces ya la política deja de ser un ejercicio legítimo para el bien común, a pasar a ser un instrumento distópico para el interés particularista, ya no solo de un partido o ideología, sino de un personaje en particular. En palabras de Ortega, haciendo un paralelismo histórico, «el error Sánchez». Y la sociedad civil se resiente, se transforma en una masa inhóspita y enfrentada, una disociación, como bien retrató Ortega: «La sociedad española se está disociando desde hace largo tiempo porque tiene infeccionada la raíz misma de la convivencia».

Porque, en definitiva, esta es la estrategia que busca Pedro Sánchez para diseñar su distopía como campo de cultivo para su continuidad. Ceuta es el paradigma.