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Cartas al director

Zapatero y sus presuntos delitos

Desde mi experiencia jurídica y profesional, habiendo estado en salas de juzgados penales como secretario judicial en funciones, durante un buen tiempo, las alegaciones de prescipciones de delitos tienen un doble filo:

En sentido positivo, como mecanismo de defensa, procesalmente, son cuestiones previas que, de admitirse por el Tribunal, efectivamente impiden la condena, y entrar en el fondo del asunto en sentencia, incluso continuar con el proceso y acto de juicio oral, a criterio también de dicho Tribunal penal.

Pero, en sentido negativo, es un reconocimiento de la existencia de dichos delitos. Si han prescritos es que, evidentemente, se cometieron en su momento, pero el mero transcurso del tiempo sin investigarse (que hubiera interrumpido el plazo de dicha prescripción), ya no se puede imputar al presunto, no ya tan presunto. La prescripción es carga de la prueba de la defensa, importante el recordarlo.

En resumidas cuentas, es una medida de defensa muy utilizada por las defensas letradas. Si es una persona «anónima», de poco le puede afectar o perjudicar, y le libra de una condena, de prisión con toda posibilidad. Pero, si eres un «ex presidente de gobierno de la nación», con esa imagen de joyas multimillonarias, éticamente te autocondena como personaje público para el resto de tu vida.

Mi conclusión es que el nivel de desesperación de Rodríguez Zapatero debe ser mayúsculo. Sobre todo pensando en el resto de imputados e imputadas, especialmente en sus hijas y su secretaria personal.

Y, pase lo que pase, esas fotos de las joyas son imborrables en las retinas de los votantes y militantes del PSOE, independientemente del futuro judicial de su, hasta hace unos pocos meses, «referente moral del socialismo español».