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Cartas al director

La cuna como destino. ¿Y si el pueblo pudiera decidir?

La sucesión a la Corona sigue dependiendo hoy de un criterio tan simple como el orden de nacimiento. Quien nace primero hereda el trono. Sin embargo, en una sociedad democrática cabe preguntarse si ese hecho biológico debería ser el único factor relevante.

Nadie discute la preparación de las dos hijas de los Reyes. La cuestión es otra: la Corona no solo se hereda, también se representa. Y para ello cuentan cualidades como la cercanía, la naturalidad, el carisma institucional o la capacidad de conectar con los ciudadanos.

Por eso resulta interesante que una parte de la opinión pública perciba en la infanta Sofía una figura especialmente próxima y espontánea. No significa que deba ser reina, pero sí plantea una pregunta incómoda: ¿y si los ciudadanos tuvieran algo que decir sobre quién les representa mejor?

Los defensores de la primogenitura argumentan, con razón, que garantiza estabilidad y evita disputas sucesorias. Pero la democracia contemporánea ha acostumbrado a los ciudadanos a participar en las decisiones que afectan a sus instituciones.

Quizá no se trate de sustituir la tradición, sino de preguntarse si una institución que aspira a simbolizar a toda una nación puede descansar únicamente en el azar del nacimiento. Al fin y al cabo, una cosa es heredar un título y otra representar el afecto y la identificación de los ciudadanos. Ahí es donde comienza el verdadero debate.