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editorial

Hasta aquí hemos llegado

Es fundamental hacer ver en Europa que catalán, gallego y vascuence no son lenguas oficiales en España. Si lo fueran, ya serían lenguas oficiales de la UE. Esas lenguas son cooficiales en las regiones en las que son habladas. No en el resto de España

Cualquier español de a pie, o incluso cualquier extranjero que contemple lo que en nuestro país ocurre, siente una profunda vergüenza al contemplar como el presidente del gobierno español, durante las raras ocasiones en que asiste a las sesiones del Congreso de los Diputados, y junto con sus colegas de bancada, debe prestar atención concentrada a través de un pinganillo a lo que en catalán está lanzando al Congreso de los Diputados la portavoz parlamentaria del partido separatista catalán Junts.

Como ya es bien sabido, esa obscena patochada, fruto del pago que Sánchez, el PSOE y sus acólitos están dispuestos a pagar para mantenerse en el poder aun a costa de colaborar en el programa de destrucción de España que constituye la base de la acción política de todo el separatismo, sea vasco o catalán, es parte central del programa salvífico que Sánchez mantiene en su corrupta cartera. Incluso a costa de lanzar el indescriptible ministro de Asuntos Exteriores, que medios nacionales y extranjeros conocen como Napoleonchu, la insólita afirmación de que la cuestión central de la política exterior española es conseguir de la UE la aceptación del catalán como idioma oficial de la Unión. Pretensión hasta ahora fallida, dado que los europeos parecen mantener todavía una cierta dimensión de sus responsabilidades, pero que, según ofrecen Sánchez y Puigdemont, no están dispuestos a dejar de lado para conseguir que unos y otros sigan al mando de la España coja, dividida y corrupta que ellos han contribuido a crear.

Corresponde al PP español, integrado en el Partido Popular Europeo al que asimismo pertenece la CDU/CSU que actualmente encabeza el gobierno alemán, hacer llegar su rotunda y definitiva negativa a la conclusión de tal demanda, profundamente negativa para la integridad, la cohesión y la previsibilidad de España y sus componentes. Con el inevitable y necesario aviso de que, en caso contrario, las relaciones entre los correspondientes partidos y sus países respectivos quedarían gravemente dañadas. Como corresponde también al PP y sus aliados el hacer llegar a los contextos europeos la noción básica del supuesto conflicto: no hay un solo catalán que no sepa hablar español.

Corresponde al PP español, integrado en el Partido Popular Europeo al que asimismo pertenece la CDU/CSU que actualmente encabeza el gobierno alemán, hacer llegar su rotunda y definitiva negativa a la conclusión de tal demanda, profundamente negativa para la integridad, la cohesión y la previsibilidad de España y sus componentes. Es fundamental hacer ver en Europa que catalán, gallego y vascuence no son lenguas oficiales en España. Si lo fueran, ya serían lenguas oficiales de la UE. Esas lenguas son cooficiales en las regiones en las que son habladas. No en el resto de España.

Es fundamental hacer ver en Europa que catalán, gallego y vascuence no son lenguas oficiales en España. Si lo fueran, ya serían lenguas oficiales de la UE. Esas lenguas son cooficiales en las regiones en las que son habladas. No en el resto de España.

Las maniobras que los separatistas lanzan y el definitivamente hundido socialismo español acepta son invenciones peligrosas contra la estabilidad política y la integridad territorial española y consecuentemente contra la misma estabilidad de la UE en su conjunto. Y en definitiva, en beneficio de España y del contexto europeo, son 600 millones de ciudadanos los que en el mundo hablan español, con los beneficios, sociales, culturales y políticos que tal comunidad supone para el entendimiento entre gentes, países, razas y creencias.

El diálogo que Alemania ha aceptado mantener a nivel de ministros de Asuntos Exteriores –por mucho que el Gobierno de Merz haya trasladado al PP de Alberto Núñez Feijóo que su Ejecutivo sigue en contra de la oficialidad del catalán– puede ser aceptable en términos diplomáticos, pero es rechazable en términos políticos. Y así se lo tiene que hacer ver el PP a sus socios de la CDU/CSU.