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13 de junio de 2024

En primera líneaRicardo Martínez Isidoro

¿Una disuasión europea imposible?

La diferencia con tiempos pasados es que el nivel de seguridad internacional ha descendido peligrosamente; los tratados que protegían variados aspectos del empleo de todo tipo de armas han sido conculcados y abandonados

Actualizada 01:30

La evolución de la guerra de Ucrania, favorable para «la operación especial rusa» y las soluciones occidentales para paliar este curso negativo de los acontecimientos, han hecho florecer iniciativas que vislumbran oponerse a que Rusia pueda tener la veleidad de proseguir su agresión atacando a algún país de Occidente, miembro de la OTAN o de la UE.

Sabemos que la aplicación de los tratados que unen a aquellos, Washington (Art. V) y Bruselas (Art.42.7), significaría la contemplación por el resto de países componentes del auxilio al agredido «con todos los medios a su alcance», incluidos los militares.

El paraguas de la Unión Europea

El paraguas de la Unión EuropeaLu Tolstova

Para evitar una guerra general en Europa, ante tales hechos posible, es fundamental que funcione algo que hasta la fecha ha dado sus rendimientos en el continente, la disuasión. El presidente francés Macron ha «ofrecido» dos soluciones para este momento crítico, la Disuasión Nuclear Francesa, al servicio de una Defensa Europea, y la posibilidad de envío de tropas europeas al frente ruso ucraniano.

La disuasión, en sus principios más elementales, evita el enfrentamiento por la contemplación del agresor de que los beneficios que puede recibir de su ataque no son suficientes para compensar las pérdidas que puede producirle el agredido.

En el empleo del arma nuclear, aspecto que esgrimen a menudo el presidente Putin y sus adláteres, la disuasión actúa de la misma manera pero toma especial relevancia el concepto de «destrucción mutua asegurada», imperante en la Guerra Fría en sus primeros momentos pero existencialmente permanente dado el aniquilamiento que supone.

Se producen disquisiciones acerca del empleo limitado del armamento nuclear, de cargas de efectos reducidos (bomba de neutrones) y de su combinación con las llamadas armas nucleares tácticas, etc.; en cualquier caso su utilización promueve la escalada, con la utilización de las estratégicas de carácter preventivo (eliminación de la posible respuesta del agredido) y finalmente con la respuesta final decisiva; no hay que olvidar que entre los posibles contendientes existen cerca de 12.000 cabezas nucleares. Esta escalada, siempre posible, y más en manos de dirigentes inseguros, elimina los efectos de la disuasión, es decir, significa el fin del planeta; por ello hay que evitarlo, y se ha evitado en los momentos más críticos.

La Disuasión Nuclear Francesa no es despreciable, ni mucho menos; en su día cuando fue establecida apuntaba, a través de su Force de Frappe, a la extinta Unión Soviética, con capacidades que podrían llegar a producir hasta 50 millones de víctimas, según los expertos galos del momento, aspecto que lógicamente hubiera supuesto, como contrapartida, la eliminación del Hexágono, y buena parte de sus aledaños.

Su combinación, y sobre todo la decisión de su empleo cuando los intereses vitales de Francia estuvieran amenazados (que recuerda a la formulación de Putin al respecto), con otras estrategias de disuasión nuclear, como la de «respuesta flexible» de la OTAN, introducían una ambigüedad en el Este que disuadía su empleo; este efecto podría estar vigente.

La diferencia con tiempos pasados es que el nivel de seguridad internacional ha descendido peligrosamente; los tratados que protegían variados aspectos del empleo de todo tipo de armas han sido conculcados y abandonados: cielos abiertos, misiles de alcance intermedio, armas convencionales, armas en el espacio, misiles antimisiles, etc., permaneciendo el de no proliferación de armas nucleares estratégicas, en su configuración última.

Pero existe un requisito que los europeos, los países miembros de la UE, aprueben estar bajo el paraguas nuclear disuasivo francés, y significa una clara definición de los intereses vitales de la Unión Europea, aquellos aspectos de la seguridad colectiva que, interesando a todos los miembros, suponen también amenazas imposibles de tolerar para cada uno de ellos, y esto está lejos de ser conseguido.

El ofrecimiento francés exige un mando único, una decisión precisa, sin titubeos, para que Rusia esté segura de que detrás de esa alternativa elegida está toda la UE, pues los efectos implicarían a todos. También sería necesario que Francia, después de este ofrecimiento, aceptado, no buscara compensaciones estratégicas, dado su tradicional liderazgo en la edificación de la defensa Europea.

El envío de tropas europeas a Ucrania, en su versión de combate, significaría un paso previo, significativo de decisiones estratégicas colectivas, que deberían ser precedidas de acuerdos como los que se citan anteriormente, pues podrían ser interpretadas como la preparación de una agresión convencional sobre Rusia, aspecto opuesto a la disuasión pretendida.

Tanto Alemania como Italia, Holanda y Bélgica, detentadores de armamento nuclear táctico de la OTAN, cuya decisión se genera en su Comité de Planes Nucleares bajo la llave final de EE. UU., como las Británicas en cualquier caso, deberían establecer la estrategia de su empleo y coordinación con las de la UE, en el caso referido con anterioridad, y reducir sus reticencias al respecto, dado que la disuasión no admite reservas.

  • Ricardo Martínez Isidoro es general de división retirado y escritor
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