Madres y padres mayores
Ser madre o padre joven tiene indudables ventajas, no solo demográficas, sino también, económicas y sociales. Ahora bien, más vale que haya hijos de padres tardíos que no los haya y en cualquier caso no olvidemos que la juventud biológica dura hoy más que nunca
Acaban de salir publicados los datos de nacimientos del año 2025 y son algo mejores que los del año anterior. Si se confirman ya que son todavía provisionales, hemos tenido unos 3.000 alumbramientos más que suponen un modesto aumento del 1 %. Que hayan roto una tendencia a la baja de los 10 años anteriores es positivo, pero hay que ser prudentes a la hora de interpretar este hecho ya que puede tratarse de una circunstancia puntual sin continuidad en el futuro. Además, ese ligero incremento no ha impedido una intensificación del crecimiento natural negativo ya que las defunciones han crecido un 2,5 %. La diferencia entre nacimientos y muertes ha sido superior a las 120.000 personas (-122.167).
Pocos nacimientos y de madres y padres cada vez más mayores. Si en el año 2015 las madres con 40 años y más alumbraron el 7,8 % de los niños, en 2025 parieron el 10,4 %.
Esta circunstancia, la de que haya tantos madres y padres maduros, tiene un inconveniente. Si el primer hijo se engendra tarde, por encima de los 35 años, supone que muchas madres en potencia no tendrán más, lo cual reduce el tamaño medio familiar. Rejuvenecer la edad media de la maternidad sería positivo, pero no es una tarea fácil. La demora se produce pese al deseo de muchos progenitores de tener sus hijos antes, pero no lo consiguen por falta de medios económicos, dificultades de acceso a la vivienda o temor a ver interrumpida su carrera profesional.
La secuencia matrimonios retrasados –hijos tardíos-pocos hijos– define el comportamiento habitual de muchas parejas españolas, de las casadas y de las no casadas .Un porcentaje significativo de las madres lo son cumplidos los 40 años, con padres que a veces superan la cincuentena. Estas maternidades, pero sobre todo estas paternidades tan tardías, son criticadas por considerar que a esas edades se es abuelo o abuela joven, no madre o padre, primerizo o de un segundo hijo. Y es verdad que antes, a los 50 y pocos años, se podía ser abuelo condición que, por lo común, no se adquiere hoy hasta pasados los 60 o más tarde. La crítica se fundamenta en la consideración de que a esas edades ya no se tiene la fuerza y las ganas que exige el cuidado y la educación de los niños pequeños. Mejor sería tener el primer hijo a edades más tempranas porque, entre otras cosas, existe una mayor probabilidad de concebir más y aquí no nos sobra ni un niño, más bien nos faltan muchos. Y es posible que una maternidad o paternidad más temprana correlacione positivamente con un mejor cuidado de los hijos pequeños. Pero creo que no siempre. Déjenme romper una lanza en pro de esos padres con más edad de la que se considera conveniente.
Ante todo, creo que es necesario distinguir entre edad cronológica y edad biológica, entre los años que uno tiene y los que le corresponderían por su situación física y mental. A todas las edades le hemos ganado años a la vida y vida a los años. La Sociedad Geriátrica y Gerontológica de Japón comprobó en un estudio del año 2002 que las personas entre 75 y 79 años tenían un comportamiento semejante a las comprendidas entre 65 y 69, 20 años antes. Los datos actuales seguro que son mejores y en cualquier caso esa ganancia en años se ha trasladado hacia abajo en la pirámide de edades de tal manera que hoy un varón o una mujer de 50 años es como si tuviese 40. Y aunque estuviesen en la cincuentena, no se puede decir que un hombre o una fémina a esa edad sea una persona vieja, ni para ser padres, ni para ninguna otra cosa. Es más, esas edades pueden tener algunas ventajas para ejercer la condición de progenitores. Son años en los que ya está consolidada la situación profesional y económica y soslayada la incertidumbre de un trabajo precario. Además, la experiencia acumulada puede favorecer el ejercicio de la maternidad o paternidad con el sosiego que exige tal condición.
Es vedad que el retraso va a alterar las estructuras familiares. Hoy no resulta excepcional la existencia de familias en las que conviven cuatro generaciones: los hijos pequeños, sus padres que los tuvieron en el entorno de los 30 años, sus abuelos que engendraron antes a sus vástagos y los bisabuelos que todavía lo hicieron más temprano. En el futuro, las personas de la cuarta generación (los bisabuelos) van a disminuir significativamente. Si los padres tienen su primer hijo por encima de los 30 años cuando los abuelos tienen 60 o más y esos hijos tienen a su vez el primer descendiente a los treinta y tantos, la condición de bisabuelo no se adquirirá hasta bien avanzados los 90 lo cual no estará al alcance de todos.
Ser madre o padre joven tiene indudables ventajas, no solo demográficas, sino también, económicas y sociales. Ahora bien, más vale que haya hijos de padres tardíos que no los haya y en cualquier caso no olvidemos que la juventud biológica dura hoy más que nunca.
- Rafael Puyol es presidente de la Real Sociedad Geográfica