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en primera líneaJuan Van-Halen

Ayuso y Almeida, esos malditos gabachos

Mientras, en la Casa de Correos, la presidenta tuvo una punzante intervención, no se guardó nada, y distinguió a una docena larga de ciudadanos. Entre los invitados estaba Feijóo. El último Dos de Mayo quedará como un rescoldo, vivísimo, en la moribunda hoguera del tiempo político que padecemos

No pude asistir a los actos del Dos de Mayo en Sol. Es una fecha que familiarmente no me es indiferente. Recoge la Historia con mayúscula, esa que las nuevas generaciones no conocerán porque a Sánchez le interesa sólo el franquismo, y visto a su manera, que un antepasado directo mío luchó en el Parque de Monteleón. Llegó con otro joven, su compañero José de Hezeta, también alférez de fragata, al frente de grupos de paisanos de Lavapiés, y se pusieron a las órdenes de Daoiz y Velarde, que convertían el parque en fortaleza. Aquel Juan Van Halen del XIX fue herido ante Monteleón, se recuperó en casa de sus padres y viajó después a Galicia. En el camino participó en el desastre de la batalla de Medina de Rioseco. Su vida aventurera posterior en Europa y América mereció que Baroja le dedicase una biografía.

El Debate (Asistido por IA)

Acudo a esta referencia histórica alarmado por unas afirmaciones en el Dos de Mayo de la inefable Mónica García, ministra de Sanidad y personaje ambicioso y con toques esperpénticos. Léase la columna de anteayer de mi admirado Luis Ventoso. La ministra afirmó que aquel Dos de Mayo Ayuso y Almeida se hubieran puesto del lado de los franceses. Malditos gabachos. Ella, comunista, internacionalista, sí hubiese estado con los franceses; a los que acusa figurarían entre los patriotas. También aprovechó para atacar a los Borbones. Descalificó, además, a la gabacha Ayuso por conceder a Estados Unidos la Medalla Internacional de Madrid con motivo del 250 aniversario de su independencia. Y arremetió contra el gabacho Almeida «por burlarse de la paz, negar un genocidio, reírse de las víctimas de cualquier tragedia y dar las llaves de Madrid a cualquiera que venga a robar la región», y concluyó: «Cuando veas hoy a Isabel Díaz Ayuso rodeada de banderas, pregúntate, ¿cuánto vale para ti Madrid?». Apostillo: ¿Y cuánto vale para ti, ministra?

La portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Manuela Bergerot, y su homóloga socialista en el Ayuntamiento, Rita Maestre, suscribieron lo dicho por doña Mónica. Y se dolieron de que el PP lleve tanto tiempo gobernando la Comunidad, como si la gabacha Ayuso hubiese llegado a Sol en una retorcida estratagema como Sánchez hizo para llegar a Moncloa. A ella la votaron mayoritariamente y a Sánchez no. Lo primero que debería ser un político es coherente y Mónica García no lo es. Dice creer en la Sanidad pública, pero aún conservará la camiseta en la que se atacaba al hospital público Enfermera Isabel Zendal, construido en plena pandemia, dura etapa en la que Mónica desapareció. Dice estar con los necesitados, pero vivía en un piso de más de doscientos metros frente al Retiro. Dice ser solidaria, pero cobró dos sueldos mientras estaba de baja, dinero que tuvo que devolver.

Como ministra de Sanidad, doña Mónica deja mucho que desear. Ella, que participó en los encierros, concentraciones y manifestaciones de 2012 y 2013 denunciando fallos en la sanidad pública, y en movilizaciones de la llamada Marea Blanca y sus marchas contra los recortes y precariedad de la sanidad pública, se enfrenta ahora a huelgas, concentraciones y movilizaciones de médicos contra sus políticas, convocadas desde el pasado febrero. De los 25 titulares de Sanidad desde la Transición, sólo cinco eran médicos; doña Mónica, médico, es la ministra que más conflicto ha generado con los médicos. Los movilizados no la consideran interlocutora válida y piden la intervención de Sánchez. Van listos. Si tuviese que resolver los problemas de sus ministros ¿para qué los necesita? Mónica García llegó al Gobierno en el cupo de Sumar, Más Madrid, Podemos, o lo que sea; ha pasado por ese espectro, pero parece que no ha tenido suerte, no se encuentra cómoda y quiere volver a Madrid para convertirse en una nueva víctima de la gabacha Ayuso. Lo intentó Pablo Iglesias y acabó de tabernero. Nada que ver con el tan interesante estudio de Elena Herreros Tabernero sobre El libro I de las Geórgicas. A nuestro tabernero, tan ilustrado él, no le sonará.

Por cansancio o para mantener un sueldo lejos de su menester de anestesista, Mónica García quiere ser candidata a la Presidencia de la Comunidad. Ya lo fue en 2021 y 2023. Tiene sus problemas porque se le opone otro aspirante a candidato por Más Madrid, Emilio Delgado, de Móstoles, otro referente en el inicio de la Guerra de la Independencia, gracias también a un marino, Juan Pérez Villaamil, que redactó el célebre Bando que firmaron los alcaldes Andrés Torrejón y Antonio Hernández. Las negociaciones internas para encontrar candidato están paradas. Más Madrid aparece dividido: los partidarios de una y los de otro. Previsiblemente correrán la suerte de sus colegas en Extremadura, Aragón, Castilla y León y próximamente, Andalucía. ¿Quién recuerda ahora a la alegre Alegría, seguramente ya no tan alegre? Del Consejo de Ministros a la oposición en Aragón hay mucho trecho.

Otro apaño ideológico. Fue un Dos de Mayo desmilitarizado, o sea: sin parada militar por segundo año consecutivo. Margarita Robles –¿no hablará con los militares?–, a la orden de Sánchez, lo suprimió. Una nueva ofensa a los madrileños. Mientras, en la Casa de Correos, la presidenta tuvo una punzante intervención, no se guardó nada, y distinguió a una docena larga de ciudadanos. Entre los invitados estaba Feijóo. El último Dos de Mayo quedará como un rescoldo, vivísimo, en la moribunda hoguera del tiempo político que padecemos.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando