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En primera líneaRafael Puyol

La IA en la Educación Superior

Aparte de muchas otras basadas en diferentes criterios académicos, la IA definirá una clasificación binaria de las universidades, la que se establecerá entre aquellas que sepan introducirla en todas sus actividades y las que no lo hagan, que se quedarán irremediablemente desfasadas

La universidad española sufrió dos fuertes aldabonazos en los últimos años. El primero fue la imperiosa exigencia de digitalizarse, especialmente apremiante a partir de la pandemia, y el segundo, la inevitable necesidad de incorporar la inteligencia artificial a sus diferentes quehaceres. Todas las universidades han iniciado el camino de la digitalización, pero unas han avanzado más aprisa que otras. Y lo mismo sucede con el uso de la IA, cuya implantación está en una fase más embrionaria.

El Debate (Asistido por IA)

Creo que hoy nadie puede dudar de las ventajas que supone la herramienta en cualquiera de las actividades universitarias: docencia, investigación, transferencia y gestión. En el ámbito de la enseñanza existen múltiples aplicaciones: el aprendizaje adaptativo, la pedagogía aumentada, las tutorías inteligentes, los modelos LLM (Modelos de Lenguaje Grandes como ChatGPT, Copilot o Gemini), los chatbots o las herramientas de transcripción de idiomas. La IA es un instrumento fundamental para los profesores, a quienes ayuda en la automatización de trabajos administrativos, la preparación de los materiales de clase o la realización de las evaluaciones, y les evita las labores repetitivas y de gestión, permitiéndoles dedicar más tiempo a la indagación científica o a la relación con los alumnos. Ahora bien, todo el mundo está de acuerdo en que la IA no podrá nunca reemplazar al docente porque un buen profesor, además de transmitir conocimientos, «educa» en el amplio sentido de este concepto, tarea que excede las capacidades de la máquina.

En el ámbito de la investigación, las posibilidades son infinitas. Por ejemplo, el análisis de un gran volumen de datos, la creación de modelos y simulaciones, la automatización de tareas repetitivas, la colaboración interdisciplinaria o la clasificación de imágenes.

Sin embargo, la utilización de la IA se enfrenta a desafíos importantes. Permítanme que catalogue algunos de ellos.

Ante todo, la formación de los docentes en estas nuevas tecnologías. Se están realizando progresos, pero queda un largo camino por recorrer. Se dan casos en los que los alumnos aventajan a sus profesores en el manejo de estas herramientas y, además, se observa una cierta resistencia al cambio de ciertos sectores del profesorado, anclados en los viejos sistemas de enseñanza. Esta situación exige acciones no solo de capacitación, sino también de motivación de los miembros de la comunidad universitaria.

La necesidad de disponer de un plan de financiación suficiente. Las universidades por sí solas no pueden asumir el coste de implantación, mantenimiento y actualización de estas tecnologías, lo cual demanda proyectos colaborativos entre universidades y acuerdos con empresas que ayuden a costearlos.

Un tema capital es la regulación y el uso ético de la IA. La primera ley de utilización fue promovida por la Comisión Europea, a través de un sistema de clasificación basado en riesgos (inaceptable, alto, limitado y mínimo). Se trata de un instrumento de medición de las diferentes aplicaciones que son definidas según la amenaza que suponen para los usuarios. Esta y otras normativas tienen por finalidad fomentar un uso responsable de la IA y respetar los derechos de los ciudadanos. En la misma línea se sitúan otras regulaciones para promover ese uso ético y limitar su utilización fraudulenta, como las 'Recomendaciones sobre la ética de la IA' de la Unesco, que suministró un marco adoptado por todos sus miembros que, entre otras cosas, implica el cumplimiento de normas sobre protección de datos y la privacidad de las personas.

La lucha contra los sesgos algorítmicos, ya que si los sistemas de la IA aprenden de los datos que los alimentan y estos presentan sesgos, la herramienta tiende a reproducirlos y amplificarlos.

La necesidad de un uso responsable de la IA, ya que esta puede suponer un gran impacto medioambiental debido al fuerte consumo de energía.

La democratización de la nueva tecnología para hacerla accesible y fácil de usar por todos los individuos y asociaciones, sin que importe su experiencia previa. Hay iniciativas internacionales con este objetivo, como A.I. Alliance, que promueve una IA para todos, segura y responsable.

Como tantas veces se dice, la IA ha venido para quedarse y su utilidad en las actividades universitarias está fuera de duda. No obstante, su introducción se enfrenta a los obstáculos señalados, de los cuales tres resultan especialmente relevantes: el primero es que los profesores se familiaricen con su uso en las tareas docentes e investigadoras, lo cual demanda formación y la superación de ese miedo al cambio; el segundo es disponer de los medios de financiación para costear las nuevas tecnologías y para mantenerlas actualizadas; y el tercero, regular el uso ético de la herramienta. Aparte de muchas otras basadas en diferentes criterios académicos, la IA definirá una clasificación binaria de las universidades, la que se establecerá entre aquellas que sepan introducirla en todas sus actividades y las que no lo hagan, que se quedarán irremediablemente desfasadas.

  • Rafael Puyol es presidente de la UNIR