Fundado en 1910
En primera líneaMiguel Rumayor

La secta adventista de 2027

Cuando una estructura sectaria se introduce en una organización política, se forma un coágulo que tapona el torrente sanguíneo de todo el cuerpo y, si no se extirpa, termina acarreando la muerte

Solo les faltó vestir togas blancas, coronarse con guirnaldas de flores y entonar salmos. Aplaudían y reían nerviosamente mientras aquel día la mayoría de la Cámara Baja pedía al Gobierno convocar elecciones. Actuaron como los davidianos del rancho Waco, a punto de inmolarse. Ahora, salvo por un exiguo grupo de disidentes escondidos, impostados o cobardes, el socialismo ha dejado de ser una familia. Se adora a un sujeto psicológicamente tronado, cuyo fin en la vida es admirarse a sí mismo hasta el final de los tiempos. Funciona como una secta: los adventistas de las elecciones de 2027, que anteponen cualquier cosa con tal de llegar hasta la parusía de ese momento: el bienestar en todas sus formas del país, la paz social, la moralidad pública, o la salud física y el futuro judicial de algunos de sus miembros.

El Debate (asistido por IA)

Cuando una estructura sectaria se introduce en una organización política, se forma un coágulo que tapona el torrente sanguíneo de todo el cuerpo y, si no se extirpa, termina acarreando la muerte. Las ideas dejan de importar e incluso de existir. Los miembros de la secta operan siempre bajo la consigna de la delación y el secretismo; se aísla o persigue al disidente y se trata con suma crueldad al enemigo exterior. Como se aprecia en las anotaciones de Leire Díez en sus agendas, ése es el modus operandi del sanchismo que trató de acabar con la vida personal de los que consideraba sus odiados rivales: jueces, periodistas, adversarios políticos, famosos, etc.

Desde la perspectiva de la ciencia de la psicopatología, el líder de la secta se introduce en el psiquismo a través del agujero dejado por una quiebra originaria, frecuentemente por la ausencia de la figura paterna. Trabaja sobre individuos psicológicamente deshilachados, aunque a veces lo hace sobre los capaces y con cierta trayectoria profesional, pero que poseen intereses oscuros o algún ámbito de debilidad que el líder conoce y domina. El gurú horada las conciencias hasta aplastar a la persona y alcanzar su pleno sometimiento. Una vez logrado eso, planea la reconstrucción del acólito: fija odios, pone objetivos y asigna tareas. Incita a difundir su credo y a que los miembros del grupo se protejan y fortalezcan para evitar fisuras internas frente a los demás.

Desde una perspectiva pedagógica, y siguiendo como ejemplo la película Die Welle (La ola), el maestro sectario no forma a sus alumnos para que lleguen a ser libres y responsables. Les hace repetir rutinas e ideas como loros, sin que comprendan la extensión y el alcance de lo que hacen. Los fanatiza hasta con las cosas más estúpidas y, aunque ocasionalmente introduzca en sus cabecitas alguna idea buena, los discípulos no consiguen nunca diferenciar entre sus propias opiniones y las ideas de su manipulador. La ascendencia de tal nefasto deformador se basa en la proyección de su propia egolatría y su afán de contagiar una seguridad que, según piensa, emana de su propia luz, para que luego sus alumnos sin el carácter formado la proyecten, mentalizándoles para no temer nunca al fracaso ni tampoco al éxito.

Por el contrario, una organización crece, se consolida y aporta a la sociedad en la medida en que el ambiente que se respira en ella se parece, en algo, a la vida de una familia bien avenida. En una comunidad libre, sus miembros son considerados en sus peculiaridades, cada uno con sus virtudes y defectos. Se les aprecia por lo que puedan aportar a la organización y, aunque haya diferencias, todos trabajan por mantener la unidad del grupo. Poseen un pensamiento crítico que los lleva a defender sus principios personales, sin trabas ni temor. Los componentes de una familia así estructurada pueden discutir y respetan la autoridad de los padres. No los idealizan y, aunque puedan ver sus defectos, se someten a ellos con confianza filial.

Para concluir, el modo de relacionarse entre las personas en una comunidad familiar es la verdad y la confianza, todo lo contrario de lo que ocurre en una secta, donde imperan el culto al líder, la manipulación, la coacción y el miedo. Como decía al principio, según lo visto en el último Comité Federal del PSOE, hay que temer que la familia socialista ha dejado de existir.

  • Miguel Rumayor es diputado de la Asamblea de Madrid