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en primera líneaJuan Van-Halen

Anatomía de una traición

Vivimos una invasión del territorio nacional. Se inició con más de setenta mil invasores. Un mes después quedan en Ceuta varios miles. Nada se ha hecho desde el Gobierno salvo breves visitas de ministros para hacer el ridículo; prometían lo que no podían cumplir

Como periodista cuento lo que vivo, como escritor fabulo lo que quisiera vivir, como poeta sueño lo que no viviré y como ciudadano a menudo padezco lo que otros deciden que viva. Hoy trataré de componer un puzle desde una visión apoyada en la Constitución. Me inspiran dos excelentes artículos de mi viejo amigo y compañero Ramón Pérez-Maura, «La humillación al Ejército español» y «Hoy hace un mes: invasión», y los magníficos últimos vídeos de «Estado de la Nación», de mi buen amigo el general Rafael Dávila que, entre tantos relevantes destinos, mandó la Legión.

El Debate (asistido por IA)

Vivimos una invasión del territorio nacional. Se inició con más de setenta mil invasores. Un mes después quedan en Ceuta varios miles. Nada se ha hecho desde el Gobierno salvo breves visitas de ministros para hacer el ridículo; prometían lo que no podían cumplir. Sánchez, sin mojarse como suele, gozaba de sus vacaciones. Antes había reconocido la vulneración de nuestra integridad territorial. Veintiséis días después de la invasión se reunió el Consejo de Seguridad Nacional, sin convocar al Rey, y se encargó el mando único al ministro Ángel Víctor Torres, según la UCO presuntamente salpicado por el asunto mascarillas; nada garantiza su más bien limitada experiencia. Resultaron especialmente penosas las visitas a Ceuta de las ministras de Sanidad y de Juventud. De hecho, el Gobierno se ha desentendido de un gravísimo problema en una parte del territorio nacional.

Los invasores cometen delitos, algunos graves, y atentan contra vehículos militares; tenían órdenes de no defenderse. Y era el Grupo de Regulares de Ceuta n.º 54, la unidad más condecorada del Ejército por su valor; una historia de heroísmo. El Gobierno no deja que el Ejército se defienda y no defiende a Ceuta y a los ceutíes. El predecible mensaje del Gobierno fue culpar a la oposición y elogiar a Rabat. ¡Ay Pegasus! Es oportuno recordar ciertos artículos de la Constitución por si alguien, en vacaciones, los olvidó.

Artículo 2: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles». Artículo 8. 1: «Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional». Artículo 62: «Corresponde al Rey: h) El mando supremo de las Fuerzas Armadas». Artículo 97: «El Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado». Artículo 98.2: «El presidente dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros del mismo».

Artículo 108: «El Gobierno responde solidariamente en su gestión política ante el Congreso de los Diputados». Artículo 110.1: «Las Cámaras y sus Comisiones pueden reclamar la presencia de los miembros del Gobierno». Artículo 134.3: «El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior». Artículo 138.2: «Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales». Artículo 139.1: «Todos los españoles tienen los mismos derechos y obligaciones en cualquier parte del territorio del Estado». Obsérvese: «Estado», no «España» ni «Nación».

De la lectura de estos artículos se deduce, desde una visión objetiva, el dudoso cumplimiento de la Constitución, en puntos concretos. Por ejemplo, ante la invasión no se convocó el Pleno del Congreso; hubo ministros que se negaron a comparecer en el Senado; no se han presentado Presupuestos desde hace años; se impide a las Fuerzas Armadas defender la integridad de la Nación. Por no referirme a los privilegios económicos de ciertas autonomías o a la diferencia de derechos y obligaciones de los españoles referidos a la libre utilización de la lengua común.

Debemos detenernos en el Artículo 102: «1. La responsabilidad criminal del presidente y los demás miembros del Gobierno será exigible, en su caso, ante la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. 2. Si la acusación fuere por traición o por cualquier delito contra la seguridad del Estado en el ejercicio de sus funciones, sólo podrá ser planteada por iniciativa de la cuarta parte de los miembros del Congreso, y con la aprobación de la mayoría absoluta del mismo».

El Diccionario de la RAE, define Traición: «1. Falta que se comete quebrantando la fidelidad o lealtad que se debe guardar o tener. 2. Delito cometido por civil o militar que atenta contra la seguridad de la patria». Impedir a las Fuerzas Armadas la defensa del territorio nacional sería una traición. Evidentemente hay órdenes de no detener la invasión ni de responder a las agresiones. Todos calladitos e inmóviles, menos los ceutíes. La oposición, si ejerciese, debería plantear en el Congreso lo previsto en el Articulo 102.2. Se perdería la votación, pero se mostraría ante la UE y ante el mundo la situación real de España. Es obvio que a Sánchez sólo le importa Sánchez. Me pregunto si la situación en Ceuta beneficia sus propósitos. Ayer, en una radio sumisa, volvió a mentir. Lo suyo.

La inutilidad del Gobierno no ha supuesto dimisiones. Ni de ministros ni de jerarcas militares. Los invasores ocupan la playa del Trampolín cerca de cuatro infraestructuras críticas de la ciudad, una de ellas el arsenal militar de Ceuta. Es el lugar elegido por el Gobierno para albergar a miles de hombres, muchos de ellos en edad y con formación militar. No creo en las casualidades. ¿Hay un pacto oculto con Rabat?

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando