El presidente de Estados Unidos ha profundizado estos días en su intensa alianza con Mohamed VI, rey de un país que debería estar en las antípodas ideológicas y morales de la primera potencia del mundo, empezando por su concepto de las libertades individuales. Si a eso le sumas la declaración que el Congreso ha realizado, apoyando «los esfuerzos del Secretario de Estado para fomentar el diálogo diplomático entre Marruecos y España sobre el futuro estatus de Ceuta y Melilla»... Vaya falta de rigor histórico.