El presidente del Tribunal Constitucional, que ha utilizado su cargo para hacer puro partidismo y ejercer de tribunal de casación del Supremo sin atribuciones para ello, se ha desmarcado en una entrevista en El País criticando a los jueces que hacen su trabajo, a los que acusa de «judicializar la política». Valdría para analizar sus declaraciones aquel viejo refrán que reza que «piensa el ladrón que todos son de su condición». Los jueces y fiscales a los que denigra Conde-Pumpido no han judicializado la política. Lo que han hecho es cumplir con su deber de investigar y juzgar cuando procede los graves casos de corrupción que rodean a Sánchez. Ellos han estado en su sitio, lo que no se puede decir del desacreditado Conde-Pumpido.
María Jesús Montero
La capacidad de supervivencia de algunos políticos, o de conservar a cualquier precio su nómina pública, es asombrosa. En una democracia convencional, un candidato vapuleado en las urnas, como Montero en las autonómicas andaluzas, lo que hace es retirarse de la primera línea, o irse a su casa. Pero no. Ahí sigue la exvicepresidenta, dando mítines a la vera de Sánchez partiéndose de risa, con un sueldo en Andalucía y otro en el Senado y hasta a los mandos de la campaña electoral el PSOE, que no debe haber encontrado nada peor para la tarea. Por no hablar ya del puñado de cargos nombrados por Montero que hoy están imputados por corrupción.