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tribunaSayde Chaling-Chong García

Cartas desde «el muro de Barcelona»

Los presupuestos del Ayuntamiento de Barcelona tienen su mayor partida dedicada a la pantalla monocromática verde de Colau, 200.700.000 €. La agenda de los Verdes Europeos antes que las casi 20.000 viviendas que necesitan los ciudadanos

Si pudiéramos conectar una cámara directamente a los ojos de Inmaculada Colau, veríamos una imagen de Barcelona totalmente distinta a la que vemos el resto de barceloneses. Los ojos de Inmaculada son como los monitores monocromos que se hicieron tan populares en los ordenadores de los 60 hasta los 80. Seguro que muchos recordaréis aquellas pantallas con letras verdes, juegos en verde y todo en verde. Muchos se preguntarán ¿qué hago hablando de Barcelona? Pues sencillo, muchos experimentos que luego se imponen a nivel nacional, se empiezan a probar aquí, y hay que avisar desde dentro de las murallas sobre lo que está pasando, aquí casi ya se impuso la peste del comunismo, y estamos luchando con uñas y dientes para erradicarlo. Los presupuestos del Ayuntamiento de Barcelona tienen su mayor partida dedicada a la pantalla monocromática verde de Colau, 200.700.000 €. La agenda de los Verdes Europeos antes que las casi 20.000 viviendas que necesitan los ciudadanos. De hecho el presupuesto dedicado a la tan necesaria vivienda en este año electoral es de 187.100.000 €. ¿Cómo se construyen 20.000 viviendas de aquí a las elecciones? Pues la verdad es que no sabemos, porque, sencillamente, para llevar adelante la pantalla monocromática de Inmaculada, se están robando espacios de las arterias viarias de la ciudad, y aunque el Ayuntamiento dispone de terrenos públicos para construir, están llevando a cabo una ofensiva, presuntamente rara, con la compra de pisos. Les cuento un poquito desde «el Muro de Barcelona». Construir un piso de protección oficial cuesta unos 108.000€, sin embargo, Inmaculada se ha lanzado a la compra frenética de viviendas que luego hay que adecuar, y estas viviendas oscilan entre 200.000, 400.000, y hasta 1.000.000 de euros; es decir, que con la compra de una vivienda por 200.000 más la adecuación, se podrían perfectamente hacer dos viviendas, con una de 400.000 más la adecuación, se podrían perfectamente hacer cuatro viviendas, y con una de 1.000.000 más la adecuación, se podrían hacer 10 viviendas. Este tema, como muchos otros temas de Inmaculada, como mínimo, resultan presuntamente sospechosos, y ya se están realizando las correspondientes pesquisas para averiguar por qué en lugar de construir está comprando inmuebles compulsivamente. Yo lo resumiría a improvisación comunista, pero presuntamente es todo muy dudoso.

Se llevan adelante cierres de calles los fines de semana, supuestamente para no contaminar, en realidad la matemática no engaña. Si cierras el tráfico por ciertas calles, colapsas otras, y encima contaminas más. Hay varias estadísticas que indican que la ciudad de Barcelona está más contaminada que antes de ponerse en marcha «el Chiquipark verde de Inmaculada». (Si es que suena súper comercial y todo). Los números dan miedo, según iqair.com: la concentración de PM2,5 en Barcelona es actualmente 1.8 veces superior al valor guía anual de calidad del aire de la OMS.

Desde el año desgraciado de 2015, año en que llegaron al poder «los verdes monocromáticos de Inmaculada» (suena como el nombre de un grupo organizado), la ciudad ha sufrido unas 100.000 ocupaciones de viviendas. Según estadísticas, Barcelona acapara aproximadamente el 42 por ciento de las ocupaciones de España, el problema es grueso y de alto calibre; según datos recabados, solo el 10 por ciento de estas ocupaciones se producen por núcleos familiares que realmente tienen dificultades económicas, y se ven en la imposibilidad de pagarse el alquiler y los servicios. Inmaculada no ha cumplido, ni podrá cumplir, con darle vivienda a ese 10 por ciento de ocupas económicos, gracias a las largas listas de espera que en toda Cataluña alcanza la necesidad de 100.000 hogares y, evidentemente, la mayoría de esta lista del abandono es de familias precarias de Barcelona, y más específicamente del área metropolitana, pero nada, Inmaculada con su visión monocromática verde. La última de «los verdes monocromáticos de Inmaculada» en su desaforada huida hacia adelante es atacar a las pocas industrias que quedan en la ciudad, y el ataque al coche privado, haciéndolos responsables de la contaminación que prevalece, como si su «plan Marshall verde» no tuviese nada que ver. No es que este servidor esté en contra de la protección del aire y el medio ambiente, soy asmático nivel 3, y la lucha de los árboles por limpiar el aire acaba conmigo, la cuestión es que estos temas no tienen soluciones mágicas, y no se puede destruir empresas que dan empleos por un capricho a lo Greta, la prueba viviente de que la denominada «transición ecológica» debería ser más lenta es la crisis energética que se avecina en Alemania.

Mientras «los verdes monocromáticos de Inmaculada», con sus típicas improvisaciones progres, perdón, comunistas, dicen que la empresa es el enemigo del pueblo, discursos viejos que ya conocemos, el gasto de los servicios sociales asciende a 412.000.000€, 54 millones más que el ejercicio 2021, en comparación a los paupérrimos 64.000.000€ para la promoción económica, es decir, la formación de empleados y desarrollo del tejido empresarial. Algo estamos haciendo mal cuando hay más dinero para mantener a familias precarias que dinero para crear puestos de trabajo, y con esto no estoy diciendo que no haya que ayudar a la gente, digo que hay que crear las condiciones para que la gente se valga por sí misma, pienso que esto es más útil para la sociedad, y una herramienta para votar en libertad. Los barceloneses tienen varias emergencias y no son climáticas, son de vivienda y de apoyo a las pymes, empresas y autónomos, entre otras muchas emergencias. Empezemos a pensar cómo acabar con la ocupación, dónde levantar las veinte mil viviendas que faltan, favorecer el tejido empresarial para la creación de puestos de trabajo, y acabemos de una vez con el show ecolo-progresista, y pongámonos con los problemas de verdad, o «el muro de Barcelona», desde donde les escribo, terminará de consolidarse y nos quedaremos aquí dentro aislados para siempre.

Sayde Chaling-Chong García es periodista Hispano-Cubano