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12 de junio de 2024

TribunaGonzalo Ortiz

La Cumbre de Granada, sin aparentes resultados

Las dos grandes preguntas que nos hacemos todos son si sirvió para algo, y si la Unión Europea tiene capacidad de influencia en los grandes conflictos mundiales

Actualizada 01:30

Los pasados días 5 y 6 de octubre ha tenido lugar en Granada una Cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE), un invento del presidente Macron para «trascender» el marco de la Unión Europea que integra además al país «saliente» (Reino Unido), a los países «aspirantes» y también a pequeños países como Andorra, Mónaco o San Marino. Las dos primeras Cumbres de este nuevo invento han tenido lugar en Praga (2022) y Bulboaca (Moldavia, en 2023). Lo más llamativo de ésta en Granada ha sido la presencia de Zelenski que no volvió a solicitar la entrada de su país en la Unión Europea, sino un compromiso sincero con la causa ucraniana y más armas. Fue también llamativa la ausencia del presidente turco Erdogan y del presidente azerí Ilham Alijev (tras la agresión, a mediados de septiembre, a Nagorno Karabaj).

El entorno que ha proporcionado Granada ha sido incomparable con sus imponentes jardines y palacios nazaríes. Asistieron 44 jefes de Estado y de Gobierno además de la presidenta de la Comisión Europea Von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo Michel y la presidenta del Parlamento Metsola. Aparentemente, se trata de un gran éxito diplomático para España en línea con las Cumbres de la OTAN en Madrid de 2022 y la del CELAC en Bruselas en junio de este año.

Como he criticado los supuestos logros españoles en pasados artículos me abstendré de hacerlo en detalle. En la Cumbre de la OTAN no se habló de la españolidad de Ceuta y Melilla, y por el contrario España reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sahara y aceptó el incremento de fragatas con escudo antimisiles en Rota. En la reunión de la CELAC varios presidentes autócratas hispanoamericanos suscribieron sin pudor una declaración que subrayaba la importancia de la democracia, los derechos humanos y la separación de poderes.

Si el espectador español ha seguido las informaciones de nuestras televisiones, pareciera que la actividad de las delegaciones habría sido muy intensa. Se ha dicho también que lo más importante de la reunión es que se haya producido. O que se esperaba algo más de Granada, pero que sin embargo «ha habido un buen número de reuniones bilaterales». Lo cierto es que todas las decisiones importantes se han aplazado. Y el mismo día que Zelenski viajaba a España un misil ruso asesinaba a 50 personas en Jarkov. Pero:

1. El tema de la ampliación es demasiado complicado y el número de candidatos excesivo (9). Con 27 miembros ya la Unión Europea se ha convertido en un miniparlamento donde resulta casi imposible unificar posturas.

2. En el tema de la amenaza de la inmigración tampoco se pudo adoptar el texto propuesto por el rechazo total de Hungría y Polonia. El primer ministro húngaro Viktor Orban declaró que el texto es inaceptable y no sujeto a modificaciones de detalle.

3. En cuanto a Nagorno Karabaj, la ausencia de Azerbaiyán hacía imposible el tratamiento del conflicto que se ha desplazado a reuniones futuras en Bruselas.

Al final, todo quedó reducido a una declaración en el sofisticado lenguaje diplomático, con sutiles observaciones que no comprometen en exceso. En particular, la declaración habla de digitalización e inteligencia artificial, de soberanía energética y multilateralismo, y de geoestrategia. Como bien resumía el canciller alemán Scholz la reunión de la CPE ha sido «un buen lugar para reunirse, sin el peso de tomar decisiones».

La Cumbre de Granada del CPE fue seguida de una reunión informal del Consejo Europeo. Esta segunda reunión «justificaba» el enorme trasiego derivado de la magna reunión (repetimos 44 jefes de estado y de gobierno) junto a tratar (una vez más) el tema de Ucrania. Se produjo los días 5 y 6 de octubre, es decir, justo antes del ataque masivo el 7, de Hamás a Israel, lo que también pone de relieve que junto a los fallos de la inteligencia israelíes, también los servicios europeos han estado totalmente ajenos a los preparativos de la acción terrorista de Hamás.

Por lo que se refiere a España, (además del éxito organizativo), la Cumbre ha servido para presenciar un nuevo desaire protocolario de Sánchez al Rey, y acreditar que no hay contención ninguna del gasto. Nuestros socios europeos deben vernos con incredulidad y han podido observar también que es un gobierno de coalición dividido (el PSOE con Ucrania e Israel y Sumar con Rusia y Hamás). Nadie entiende en Europa que España tenga que aprobar una amnistía que ponga en peligro todo su edificio constitucional. Y no han salido de la sorpresa que les produjo que el Gobierno en funciones haya solicitado que el catalán, el vasco y el gallego, figuren como idiomas oficiales de la Unión Europea en este momento. Todas estas contradicciones reflejan una tremenda debilidad. Días después el presidente de Gobierno español no fue convocado a la reunión extraordinaria de los Grandes sobre Gaza a pesar de ser teóricamente el presidente pro tempore de la Unión Europea.

Muchas fotos y muchos abrazos en la ciudad de Granada, blindada por miles de policías y despilfarro en las recepciones oficiales (la gran afluencia de visitantes habrá dejado, sin embargo, buenos beneficios al sector hotelero granadino). Al final, las dos grandes preguntas que nos hacemos todos son si sirvió para algo, y si la Unión Europea tiene capacidad de influencia en los grandes conflictos mundiales.

  • Gonzalo Ortiz es embajador de España
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