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tribunaJosé Ignacio Palacios Zuasti

Le arrebataron la vida... el reloj y ahora quieren su calle

Consejera Ollo, efectivamente Ruiz de Alda era ‘franquista’ pero no de Francisco, sino de su amigo y compañero Ramón. Por eso es triste que, ahora, casi 90 años después de que le arrebataran la vida y… el reloj, usted pretenda quitarle, también, su calle

En enero de 2026 se cumplirán cien años del épico vuelo transoceánico del hidroavión Plus Ultra entre España y Argentina, que tuvo resonancia mundial. La tripulación la integraban Ramón Franco, Julio Ruiz de Alda, Juan Manuel Durán y Pablo Rada. Ese vuelo, en diferentes etapas, entre Palos de la Frontera y Buenos Aires despertó un entusiasmo desbordante en Argentina (Carlos Gardel compuso un tango en su honor), en España y especialmente en Navarra, pues navarros eran Ruiz de Alda y Rada. Aquí, en sus pueblos natales, Estella y Caparroso, les nombraron hijos predilectos y dieron su nombre a sendas calles. Además, durante décadas, en el acervo popular de Navarra, se ha transmitido eso de «Si no es por la tripa de Rada se quema el avión. ¡Chin pón!», al tiempo que se ha cantado una jota que decía:

«Franco llevaba el volante,
Ruiz de Alda lo guiaba
y al compás de los motores
Rada la jota cantaba».

Ahora, casi cien años después, la consejera nacionalista del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, invocando la Ley de Memoria Democrática, quiere retirarle a Ruiz de Alda su calle de Estella porque, dice, está vinculado al franquismo. Además, la izquierda abertzale, con nocturnidad, arrancó las placas.

Tres de los protagonistas de la hazaña del Plus Ultra tendrían papeles relevantes durante la II República, mientras que Durán fallecería en un accidente aéreo pocos meses después de esa gesta.

Ramón Franco se sublevó contra la Monarquía el 15 de diciembre de 1930 y saliendo de Cuatro Vientos sobrevoló con su avión el Palacio Real, amenazó con bombardearlo, al tiempo que lanzaba proclamas revolucionarias. Ese mismo día, el anarquista Rada se dedicaba a engañar a la tropa con la falsa noticia de que se había declarado la República.

Después, el 10 de mayo de 1931, recién estrenado el nuevo régimen, Rada, con un comité juvenil que él había formado en el Ateneo madrileño, se dedicó a quemar los conventos de Madrid y Miguel Maura, ministro de la Gobernación, escribió: «Pablo Rada era un jefe de los incendiarios».

Por su parte, Ramón Franco se convertiría en diputado por Barcelona en las Constituyentes de 1931, integrándose en el grupo de Ezquerra Republicana de Cataluña. Después, sería nombrado agregado aéreo en la Embajada de Washington, donde permanecía al comenzar la Guerra Civil.

Y Ruiz de Alda fue uno de los que fundó Falange Española en 1933. Esto sucedía en unos tiempos en los que, como bien sabe la consejera Ollo, su partido –el PNV– exhibía la ikurriña, no con el lauburu, sino con la esvástica nazi. Además, el estellés se casó con Amelia Azarola, hija de Emilio Azarola, diputado por Navarra de la Coalición Republicana-Socialista en 1931, y alumna predilecta del que fuera presidente del Consejo de Ministros, el socialista y profesor de Fisiología Juan Negrín quien, a pesar de sus grandes diferencias ideológicas, confesaría a Mariano Ansó que personalmente había trabado una gran amistad con él, del que decía que personalmente era como su ‘ángel guardián’, y que políticamente miraba con «simpatía personal» a «luchadores» como Ruiz de Alda.

En marzo de 1936, el Frente Popular lo encarceló en Madrid y, aunque fue absuelto de las acusaciones que sobre él vertieron, siguió en prisión junto con varios exministros de la República y otros personajes. Estallada la guerra civil, a las nueve de la noche del 23 de agosto, ocho facinerosos irrumpieron en la galería de la prisión portando pistolas y metralletas y gritando: «¡Estos son nuestros!... como toda la cárcel. Vamos a mataros aquí, en fila, por fascistas y por traidores…» A Ruiz de Alda le arrebataron su reloj y este les dijo que era el que llevaba en el Plus Ultra, a lo que el miliciano respondió: «Mejor, con eso tiene historia». A continuación, los bajaron al sótano y cinco minutos después se oyeron las descargas. Según cuenta Mariano Ansó, que fue ministro con Negrín: «Cuando Negrín se enteró del asesinato de su amigo Ruiz de Alda, perdió toda continencia y estuvo a punto de crearse una situación insostenible dentro de su partido».

Ramón Franco regresaría de Washington en el mes de octubre de 1936 y, a pesar de sus ideas revolucionarias, se unió al bando sublevado, en parte porque lo mandaba su hermano Francisco y, también, influenciado por el asesinato de su antiguo amigo Ruiz de Alda. Después sería destinado a Baleares y moriría (¿accidente? ¿Sabotaje?) en un hidroavión que se estrelló en el Mediterráneo en 1938.

De los cuatro del Plus Ultra, el único que sobrevivió a la Guerra Civil fue Rada, que se exilió en Colombia y Venezuela y que, en 1968, cuando se sintió gravemente enfermo, solicitó volver a España para morir aquí. El embajador español le dijo que sería conveniente que alguien le avalase y él propuso para ello a Francisco y Nicolás Franco, hermanos de Ramón, a lo que el embajador le contestó sonriendo que no se pasara. El ruego llegó a conocimiento del Jefe del Estado y este, sorprendido, dijo que no entendía cómo no había vuelto antes y dispuso que fuera atendido en el sanatorio de la Armada de Los Molinos (Madrid), donde falleció el 18 de mayo de 1969.

Consejera Ollo, efectivamente Ruiz de Alda era ‘franquista’ pero no de Francisco, sino de su amigo y compañero Ramón. Por eso es triste que, ahora, casi 90 años después de que le arrebataran la vida y… el reloj, usted pretenda quitarle, también, su calle.

José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra