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TribunaManuel Sánchez Monge

El neopaganismo ¿es la religión del poscristianismo?

Frente a estas dos formas de vacío: el neopaganismo emocionalista y el clericalismo autorreferencial, el Evangelio se revela como sabiduría encarnada, como una invitación a integrar razón, experiencia, fe y comunidad

Hubo un tiempo en que el culto a los dioses paganos imperaba en toda Europa. Pero la expansión del cristianismo hizo que fueran reemplazados por la nueva religión monoteísta venida de Oriente Medio. Hoy vivimos en un tiempo de profunda transformación cultural y espiritual. Han desaparecido los grandes relatos, se multiplican las identidades fragmentadas y el avance de la secularización genera un gran vacío existencial. El neopaganismo y el clericalismo intentan llenarlo, cada uno a su modo. Se privilegia lo instantáneo, lo emocional, lo descomprometido. La educación, despojada de su dimensión humanística, produce individuos aptos para el mercado, pero sin visión del bien común. Esto desemboca en una humanidad cansada, fragmentada y sin horizonte (Byung-Chul Han).

El neopagano actual no retorna a antiguos mitos, sino que padece falta de sentido, orientación y profundidad espiritual. En la era digital, el exceso de información ha sustituido la sabiduría por ruido emocional. Mientras la modernidad se construyó en torno a la razón, ahora es la razón la que está en peligro. Limitarse al ámbito tecnocrático y consumista conduce al menosprecio de lo cultural y humanístico. El posmoderno busca su propia espiritualidad individualistamente y cae en un sincretismo superficial de tradiciones sin coherencia ni compromiso.

El nuevo paganismo es una religión diferente a las conocidas hasta ahora. No busca conversos ni miembros. Por eso resulta muy atractivo para la mentalidad poscristiana. Ahora bien, esto no significa que no se tenga interés por la religión, sino que se siente atracción por una religión no organizada. Sin reglas y donde se practique la auto-iniciación al relacionarse con lo divino. Se abre camino un cierto paganismo que ofrece creer en algo y participar en rituales, sin comprometerse con una institución religiosa. Ahora bien, el paganismo es difícil de definir porque no origina grupos con creencias definidas, sino muchos ‘caminos’ diferentes y continuamente cambiantes.

Los orígenes del neopaganismo se sitúan en Gran Bretaña en la década de 1940 y desde allí se extendió al resto del mundo. Al principio era una religión comunitaria, con estructuras y creencias más o menos comunes, pero a partir de 1990 derivó hacia la auto-iniciación y la práctica solitaria. Su importancia no reside en el número, no impone leyes a los creyentes ni busca conversos. Por otra parte, muchos que no se sienten paganos se comportan como los neopaganos. Este tipo de religión vacía al Evangelio de su capacidad transformadora y privilegia el control sobre el diálogo y la jerarquía sobre la comunión.

Según Young, «era inevitable que el paganismo se convirtiera en una religión para los pos-religiosos». A fin de cuentas, eliminando todas las creencias y prácticas religiosas, «tal vez el paganismo sea simplemente lo que queda». La creciente indiferencia religiosa, lejos de atenuarse, ha aumentado. Occidente se ha convertido en un espacio neopagano, beligerante con el imponente legado cultural que durante veinte siglos ha forjado la cristiandad.

El neopaganismo nórdico-germánico también asoma en España. De los cerca de 700 seguidores de 2007, hoy ya son más de 9.000, entre miembros activos y simpatizantes. Los nuevos grupos neopaganos son tan numerosos como variados. Además, mucha gente se une a ellos «de manera informal, participando online, yendo ocasionalmente a algunos ritos o incluso inventándose los suyos propios para practicarlos a solas o acompañados de su familia y amigos más cercanos». Las que sí están más claras son las causas. «El cristianismo ya no domina totalmente la sociedad y la cultura, por lo que la gente simplemente se siente más libre para explorar estas tradiciones antiguas, así como el budismo, el hinduismo, la santería, el taoísmo o cualquier otra práctica que no estuviera disponible hace 50 o 100 años».

El rechazo al materialismo y al consumismo, propios de la sociedad moderna, hace que muchos anhelen un estilo de vida más profundo y espiritual. En esta línea, el amor y la concepción sagrada de la naturaleza los comparten muchos neopaganos. «El sentirse conectado con la naturaleza y encontrar a los dioses y diosas en ella, de hecho, es otro de los elementos centrales en todos estos movimientos»,

A esa situación hemos llegado, al menos en parte, como consecuencia de la pasividad de la propia Iglesia sobre el fenómeno de la descristianización galopante que venimos padeciendo. Tampoco se han visto reacciones ante la imparable islamización del continente. También influye una ingenua interpretación del ecumenismo que ignora la intención colonizadora del credo musulmán, con sus fanáticas estructuras sociales y jurídicas. Las raíces cristianas de la vieja Europa, necesitan ser vivificadas para que sean fecundas de verdad.

Frente a estas dos formas de vacío: el neopaganismo emocionalista y el clericalismo autorreferencial, el Evangelio se revela como sabiduría encarnada, como una invitación a integrar razón, experiencia, fe y comunidad.

  • Manuel Sánchez Monge es obispo emérito de Santander