07 de diciembre de 2021

Richi Franco
Richi Franco

Familia no hay más que una

No sólo es una verdad inamovible, sino que, además, podemos comprobarla a diario en la experiencia carnal de la semejanza física y la herencia psíquica de lo mejor –y lo peor– de cada casa

No desvelo los arcanos insondables de las logias del Oriente y sus mandiles, cuando asiento y firmo, donde haga falta, la sentencia popular que dice «familia no hay más que una». No sólo es una verdad inamovible, sino que, además, podemos comprobarla a diario en la experiencia carnal de la semejanza física y la herencia psíquica de lo mejor –y lo peor– de cada casa.
Al mirarnos en el espejo, podemos recorrer el paisaje histórico de toda una estirpe recogida entre las dimensiones de nuestros cuerpos, más o menos enjutos, más o menos hinchados por la bollería industrial que, como opio barato del pobre, nos aleja algún instante de la dura realidad y del ansia engendrada en los confinamientos.
Como digo, cada uno somos de nuestra madre y de nuestro padre y, en principio, no hay que dudar. Pero hay quién, desgraciadamente, se parece demasiado a la madre que lo parió. Se ve en los ojos, en las manos, en el hoyuelo tan bonito del abuelo en la mejilla y que te brota a ti cuando te enfadas, corazón; se ve en los andares, en los gustos, en las repetidas manías generacionales y en la mala leche que se derrama desde los más bárbaros ancestros hasta el brillo acerado de la mirada de una suegra. Es ahí, en ese resplandor de antigua cazadora, donde muchos comprenden que no todo es maravilloso en las sagas familiares. Pero sigamos adelante en esta apología innecesaria de la evidencia.

¿No es familia también esos profesores que recordaremos toda la vida porque seguramente nos enseñaron más compasión, más amor y más libertad de lo acordado en sus contratos y en su afecto?

La familia decimos, por tanto, es ese hilo conductor de la vida en la historia que se abre en el tiempo desde los siglos más oscuros; desde la primera chispa de fuego, la piedra que rodó al caer y alguien muy avispado pensó en la rueda y después en la moneda (que es otro tipo de fuego); la imprenta, el cohete y el internet, hasta el advenimiento mesiánico y definitivo, portentoso y pleno de luz y razón corpórea de tu madre cuando te dice que esto es así; y punto.
Así que sí. Está claro que familia no hay más que una cuando aprendes en ella (o no) la materia del conocimiento afectivo y las razones de una buena vida en el vestir, el peinar y la higiene básica del espíritu humano bien aseado por la cuenta que te tiene. Aunque la verdad, bien pensado, no es del todo cierto que la familia sea ese núcleo cerrado a cal y canto en el que se origina y se cuida de los nuevos retoños humanos para lanzarlos a la construcción de imperios interestelares.
O ¿Es que no es familia esa relación diaria con los cachorros de otras parejas en el parvulario? ¿No es educación tradicional y, por tanto, familiar, ese aprendizaje de las manías y los vicios insoportables de los amigos que se sufren a lo largo de la vida escolar? ¿No es familia también esos profesores que recordaremos toda la vida porque seguramente nos enseñaron más compasión, más amor y más libertad de lo acordado en sus contratos y en su afecto? ¿No es familia aquél extraño del que todavía te preguntas cómo pudo y en qué estaba pensando cuando te dio tu primera oportunidad laboral?

¿No es familia quien nos dio de comer cuando tuvimos hambre o sed, y no nos atrevimos por vergüenza a pedir por la calle?

Y, ¿acaso no soy también yo un poco familia suya cuando pierdo el tiempo juntando palabras para que ustedes las ensalcen exageradamente, como si me leyeran bebidos? ¿No acompaño yo un poco sus días con mis cosas como si de un tío o un primo bobo se tratase? ¿No me acompañan ustedes tantas veces cuando, nervioso, me pregunto si les habrá gustado esta chapuza de columnas? ¿No somos familia cuando, tantas veces, de alguna manera, nuestro trabajo hace más sencilla y más bella la vida de los otros, a los que normalmente obviamos o vemos como enemigos?
¿No es familia quien te acompaña de una manera u otra en esta larga travesía vital de disgustos, alegrías y hastíos sin horario ni fin? ¿No es familia quien nos dio de comer cuando tuvimos hambre o sed, y no nos atrevimos por vergüenza a pedir por la calle? Y, ¿no es familia quien te acoge misteriosamente como dice el Hijo de los hombres cuando especifica quiénes son, verdaderamente, su madre y sus hermanos?
Sí; familia, lo que se dice familia, no hay más que una. Pero es más amplia de lo que pensamos…
  • Richi Franco es editor y director de Freshbook y director de Nuevo Inicio hasta enero de 2021. Profesor de Religión en Madrid, conferenciante y gestor de eventos flamencos.
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