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27 de febrero de 2024

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Internet y evangelización: ¿metaconventos?

¿Es la vida digital igual a la vida real o acaso vivimos una meta-vida-consagrada y una vida consagrada?

Hace unos meses Facebook cambio su nombre a meta. La explicación que dio Mark Zuckerberg: «De ahora en adelante, primero seremos metaverso, no Facebook primero». ¿Qué es el metaverso? La revista Forbes lo definirá así: «Si no has escuchado el término o no acabas de entender a qué se refiere, este básicamente es un entorno virtual en donde los usuarios al ingresar podrán tener una experiencia inmersiva. No se trata sólo de jugar, sino de asistir a conciertos, viajar online y hasta trabajar y estudiar. Algo así como un universo paralelo, en el cual todo es posible».
Facebook propone que dejemos de vivir una vida real, para vivir una vida virtual. En 2017 llegó a mis manos una novela de David Eggers, El circulo, que habla de una empresa que engloba todo: redes sociales, compras, mensajería e incluso las elecciones, que en su portal tiene una frase lapidaria: «Los secretos son mentiras. Compartir es querer. La privacidad es un robo». La novela habla de una industria que busca ser dueña de todo, escondida bajo la estela de la libertad, pero en realidad nos enseña que «la vigilancia no puede ser el precio para pagar por ningún maldito servicio que recibamos».
Cómo nos relacionamos en las redes, cómo vivimos nuestras vidas reales y virtuales. Por eso lanzo la pregunta: ¿Mi vida digital es igual a mi vida real o acaso vivimos una meta-vida-consagrada y una vida consagrada?

¿Qué es internet?

  1. Internet es la torre de babel de nuestros tiempos; es el invento que crea unión entre todas las razas, lenguas, credos.
  2. Para la Iglesia, ¿qué es internet? Para dar respuesta a este punto comenzaremos por el Vaticano II.
Internet es más joven que el concilio, por ello este no lo toma en cuenta. Lo que sí tiene es un documento sobre las comunicaciones sociales. En este decreto en su punto primero habla de los «maravillosos inventos de la técnica» que ayudan al hombre a enfrentar las necesidades humanas y que están en constante movimiento y avance. El documento invita a una «vigilante preocupación». Esta es la postura de la Iglesia frente a internet, al menos hasta 2009.
3. En el XLIII mensaje de las comunicaciones sociales de 2009, Benedicto XVI dio un giro a la reflexión sobre el tema de internet. El documento se titula: «Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover la cultura de respeto, de diálogo, de amistad». Nos habla de los nuevos horizontes abiertos por internet, y subraya el problema de la comunicación en la Iglesia y de la amistad –un tema muy agustiniano– en la red.
¿Qué es internet? Lo primero que debemos tener claro es que internet es más que un medio de comunicación. Internet es un lugar, un espacio sin espacio, un modo de vivir, un continente que habitar, un sitio para evangelizar.
También el Papa nos regala una imagen: internet es un areópago. Así como fue el sitio de evangelización del apóstol, internet se vuelve un sitio donde tenemos que hablar y evangelizar. Pero para poder aportar en ese sitio hace falta «una sólida formación teológica y pastoral, así como una profunda espiritualidad». A esto añado, también falta naturalidad, normalidad y conciencia de sí. Un punto que alerta Benedicto XVI es que tenemos el peligro de olvidar las relaciones personales, reduciéndonos solo a encuentros virtuales inexistentes.
El Papa nos dice que hace falta, para estar en internet, una diaconía de la cultura en este patio de los gentiles que es la red. Lo importante no es estar en internet, lo realmente importante es servir en internet; pero, como dice la formula de profesión de los Agustinos Recoletos «Servir a solo Dios».

Redes sociales y vida consagrada

Cuando hablamos de internet nos referimos, como dice Fray Abel de Jesús al continente digital al cual accedemos gracias a una variedad de dispositivos. Internet no siempre es un sitio seguro, cariñoso y amable. Las bondades de internet son fáciles de percibir, por ello voy a enlistar aspectos que solemos pasar por alto y que considero importantes en la vida consagrada y la vida en general.
  1. Instantaneidad: en internet no existe la paciencia. Mis hermanos, frailes, mayores, cuando tenían alguna duda, tenían que esperar y consultar algún libro, enciclopedia o buscar las respuestas. Hoy en día todo lo sabemos y lo tenemos en la palma de la mano. Para entender esto mejor, una anécdota:
Hace unos días comíamos un grupo de frailes en una comunidad, una charla cualquiera. Un fraile preguntó: ¿Cuánto cuesta el vino más caro del mundo? Un hermano levantó el móvil y le dio el dato… a los minutos otro fraile preguntó: ¿Cuántos kilómetros tenemos para Cuenca? Y el mismo hermano levantó el móvil y se lo dijo… En eso el prior de la comunidad le dijo al hermano que todo lo sabía: «En esta comunidad no utilizamos el móvil en el comedor, preferimos quedarnos con nuestras dudas y así tener algo que hacer por la tarde».

No solo nos roba tiempo de estudio, de sueño, de trabajo, sino que nos quita tiempo en comunidad y lo peor, ¡me quita tiempo de oración!

Internet nos ha robado el espacio para la ignorancia, nos ha acortado el tiempo. También nos quita la posibilidad de disfrutar, ya no tenemos que esperar a que sea la noche para poder ver una película con los hermanos, en cualquier momento podemos hacerlo en nuestra habitación.
2. Infinitud: en internet lo tenemos todo, no hace falta levantarnos de nuestro escritorio. Internet nos roba el tiempo. Pasamos mucho tiempo en redes sociales, perdiendo el tiempo.
Porque las redes sociales están diseñadas de esa manera, para que tú vayas bajando, y sigas, y sigas… hasta que logres el merecido premio de Instagram: «Estás al día». No solo nos roba tiempo de estudio, de sueño, de trabajo, sino que nos quita tiempo en comunidad y lo peor, ¡me quita tiempo de oración! Tenemos que ser conscientes de que nunca vamos a abarcar internet, tenemos que aprender a ponernos límites para que los que vivamos, y dejemos vivir, seamos nosotros y no internet.
3. Multidireccionalidad: internet nos obliga a recibir aprobación y a darla. ¿Cuántas veces no te distraes de tus labores por ver cuantos likes tiene tu última foto?
Esta idea la expresa de manera asombrosa Fray Abel. Dice: «A pesar de que nuestra sensación es de absoluta libertad, lo cierto es que, en realidad, somos asalariados de una plataforma que saca rentabilidad de nuestras sonrisas».
Internet nos hace creer que estamos conectados con nuestros seres queridos, pero en realidad nos hace vivir dos vidas. Una vida online y una vida offline. La verdadera pena de esto es que sean vidas paralelas; o incluso que lleguemos al punto de tener vida de religioso en redes y vida de seglar también.
4. Anonimato: porque internet nos da un anonimato, que nos hace mostrar una cara en redes y otra en la vida real. He conocido consagrados que en redes son un amor… pero viviendo con ellos son otra cosa y viceversa.
¿Qué haces cuando llegas a tu habitación y te encierras en tu mundo virtual? ¿Cómo vives tu vida consagrada en las redes? ¿Te expresas como consagrado, o no? También una pregunta interesante puede ser: ¿En tus redes sociales te expresas como religioso y en la vida real no?

Dónde está tu tesoro, ahí está tu corazónEvangelio según san Mateo 16, 19-23

Metaconventos

Jesús en el Evangelio nos recuerda: «Dónde está tu tesoro, ahí está tu corazón». En realidad no necesitamos conventos cibernéticos o eco ambientes digitales, necesitamos saber donde está nuestro corazón, ¡porque ahí esta nuestro verdadero tesoro!
Necesitamos personas de carne y hueso, pero que vivan también en el mundo digital, sin olvidar que internet es un sitio de evangelización, pero que para que eso pueda suceder tenemos que movernos en verdad.
También dijo Jesús: «La verdad os hará libres». Creo que tenemos que esforzarnos por vivir y tener una comunicación: efectiva, afectiva y libre.
Efectiva, porque tenemos que comunicar bien, ya basta de comunicar mal, mediocremente, nos merecemos una comunicación de calidad, y para ello tenemos que formarnos y dejarnos ayudar, tenemos que confiar en los profesionales y aprender.
Afectiva, nos merecemos una comunicación que mueva los afectos, que nos haga pensar en los demás. Que no sea autorreferencial, sino comunitaria. Tenemos que ser frailes entrañables, también en internet, en congruencia con nuestra vida real. Dejemos de escribir mayestáticamente y escribamos de corazón-a-corazón; contemos historias y no escribamos manuales de vida.
Libre, es el punto más importante. Tenemos que planificar y sentirnos conscientes de cómo queremos comunicar como familia consagrada.
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