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Salvador García Jiménez, autor de Locura CelestialFermín Meseguer

Entrevista al escritor Salvador García Jiménez

«El misterio de la vida para un cristiano es descubrir cualquier atisbo de la existencia de Dios»

El autor desarrolla momentos vitales de san Juan de la Cruz. Desde su humanismo, sueños y luchas espirituales a través de la biografía Locura Celestial

Salvador García Jiménez, (Murcia, 1944). Catedrático de literatura, con una carrera literaria diversa, cosechados importantes premios –Encomienda de Plata al Mérito Civil, Cruz de Alfonso X el Sabio, sillón en la Real Academia Alfonso X El Sabio– y publicar medio centenar de libros, se atreve a novelar la vida de san Juan de la Cruz en Locura Celestial. Una buena oportunidad para redescubrir no sólo al hombre y al religioso, sino también al poeta. El autor desarrolla momentos vitales del santo desde su humanismo, sueños y luchas espirituales a través de una biografía bien tallada por un hombre de fe y sagaz investigador.

–¿Por qué san Juan de la Cruz?

–Vine al mundo con un manto de misticismo, rezaba desde niño arrobado tratando de romper con la oración el muro que me separaba de los misterios del cielo. La comunión con el dolor de los demás me hizo caminar hacia el encuentro con san Juan de la Cruz, faro de inspiración para esta biografía. La primera autoficción de fray Juan de Yepes la publiqué en 1992, Las ínsulas extrañas, –Premio América de Novela–. Locura Celestial se enriquece con hallazgos totalmente inéditos.

El alma de fray Juan de la Cruz va como una loca enamorada detrás del Amado, como refleja en Cántico Espiritual

–¿Por qué Locura Celestial?

–No se trata de la locura que diagnosticaría un psiquiatra. El título está recortado de una frase que pronunció santa Teresa de Jesús con toda la espontaneidad: «Cuando esto escribo, no estoy fuera de esta santa locura celestial». El alma de fray Juan de la Cruz va como una loca enamorada detrás del Amado, como refleja en Cántico Espiritual. Para él, andar endiosado era estar lleno de Dios. La multitud de endiosados que vemos ahora presumir de cargos o dinero, nada que ver con aquello.

–¿Cuánto de la espiritualidad de san Juan falta actualmente?

–En Europa está en peligro de extinción, pero aún quedan algunos ejemplares que la practican, condenados por una sociedad materialista al silencio. Los consumidores del bienestar prefieren meditar con reiki y yoga; alcanzar la paz con el psicólogo y Orfidal. El místico Descalzo les ofrecería palabras de vida eterna, como «al atardecer de la vida nos examinarán del amor». La verdad, no me he encontrado aún con nadie que haya leído todos los tratados que escribió en prosa Juan de Yepes para explicarles sus versos a las monjitas que no habían estudiado en Salamanca como él. José Hierro, en las largas conversaciones que sostuvimos, elogió los versos del carmelita, pero a continuación despreció su prosa. No tuve más remedio que decirle que no la había ni hojeado, pues su Oración del alma enamorada, por ejemplo, destila pura poesía.

–El paso de San Juan por Caravaca de la Cruz dejó su huella…

–Huella que se ha ido agrandando con el paso del tiempo tras fundar los conventos de monjas y frailes descalzos. Con el camino de san Juan de la Cruz desde Caravaca a Beas de Segura, la casa que habitó fray Juan convertida en Museo, su magnífica escultura en bronce y la hospedería del convento de carmelitas descalzos, están encumbrando a Caravaca de la Cruz como capital del misticismo en España. En simetría, Caravaca se denomina de la Cruz por su lignum crucis, alias de batalla que tomó fray Juan para conquistar el cielo.

Portada de Locura celestial de San Juan de la Cruz

–Y tampoco fue fugaz Caravaca en el Santo…

–No olvidaría nunca a las jóvenes monjas que confesaba, intentando curar las dudas y la depresión de una de ellas, por recomendación de santa Teresa. Allí procuraría que los ojos no se le bajaran del cielo, que el olor a doncellez no le despertara más sentido que el olfato. Los fascinantes parajes de las Fuentes del Marqués rimarían con la «cristalina fuente» de sus versos. Sin embargo, no olvidaría hasta su muerte en Úbeda las horas que pasaba abrazado al relicario de su lignum crucis en la pequeña iglesia del castillo, una astilla del madero de tortura que tanto había adorado. Gracias a una luminosa inspiración, pude poner en contacto en la novela a san Juan de la Cruz con el lignum crucis, algo muy probable y casi seguro, en lo que nadie se había percatado hasta hoy.

–La figura del santo es una de las más alabadas, y tan sólo con tres poemas.

–Considerándose «una migaja en las manos de Dios», ha sido proclamado el patrón de los poetas españoles. Para mí, el poema más hermoso en lengua castellana es su Cántico Espiritual, y creo firmemente en las palabras de Marcelino Menéndez Pelayo: «No pueden medirse los escritos de san Juan de la Cruz con criterios literarios porque por ahí pasó el Espíritu Santo hermoseándolo todo». Compuso sus poemas para que los cantaran las esposas de Cristo, sus angelicales hermanas Descalzas, y para que lo reconocieran como pluma estelar tuvieron que pasar siglos.

–¿Cómo está planteada Locura Celestial?

–Sigue la estructura tradicional de un flash-back fílmico. Durante los últimos días de su vida, Juan de la Cruz recuerda diversas estampas de su vida, en retroceso gradual hacia el pasado. En primera persona, en una autoficción, narra su estancia en la prisión en que lo retuvieron sus hermanos Calzados en Toledo, sus estudios universitarios en Salamanca, la vida con su hermano durante la infancia, la persecución cainita de sus propios compañeros de Orden, envidiosos de su santidad y de su pluma, etc. Descalzo no, pero sí con el alma desnuda, he ido descubriendo episodios inéditos de su vida. Rescaté de los fondos de la Inquisición el proceso de una de las novicias que él confesaba en Beas de Segura, una ilusa iletrada que, pretendiendo ser como santa Teresa, se inventó milagros espantosos, como el del Niño Jesús que entraba cada noche en su cuarto para acostarse con ella, llegando a regalarle un anillo de desposada. En las cárceles del Tribunal de la Inquisición la castigaron con doscientos azotes antes de echarla.

En el Congreso de los Diputados, un número elevado de señorías, afines al catolicismo, han votado a favor del aborto

–¿Por qué resulta San Juan de la Cruz enigmático?

–Las paradojas, las metáforas, la lengua del Renacimiento, su influencia bíblica, del Cantar de los Cantares, y hasta sufí, pueden hacer difícil la comprensión de sus obras. En cuanto a su vida, él, que se consideraba un pájaro solitario, que vivía entre calaveras y se mortificaba con cilios de esparto, también resultaría para el resto de los mortales algo enigmático. Toda una parafernalia del sufrimiento para alcanzar luz. Quien no esté familiarizado con el misticismo, lo percibirá extraño.

–San Juan de la Cruz, sabiéndose próximo a la muerte, convocó al prior y a los frailes a medianoche. La escena sobrecoge…

–El relato va desde la belleza más transparente al cuadro macabro más tremendo. En sus horas finales, cerca de su subida a los cielos, sus hermanos Descalzos ya estaban preparados con tijeras y cuchillos para cortar su cuerpo en reliquias.

–¿Qué papel juega la espiritualidad hoy?

–Ni parte del pueblo ni de sus gobernantes apuestan verdaderamente por ella. Muestran un cinismo desconcertante. En los coros que cantan en las catedrales e iglesias hay personas agnósticas y ateas; en el Congreso de los Diputados, un número elevado de señorías, afines al catolicismo, han votado a favor del aborto; individuos descreídos matriculan a sus hijos en centros de enseñanza religiosa... Cuando alguien se proclama católico y defiende la Cruz se le cierran puertas... Qué estúpida vanidad frente a todas las noches oscuras que pasó el santo para «merecer un trocito de cielo».

–Se refugia en el Evangelio…

–Me da ánimo y coraje. Me guio por la parábola del buen samaritano, por las curaciones de Jesús para aguardar un milagro, por las obras de misericordia… Para mí, Jesús no es ningún extraterrestre ni falso profeta. Jesús es el hijo de Dios auténtico y verdadero. En esto y en su resurrección radica la clave de la fe cristiana. Incluso algunos evangelios apócrifos de Jesús, como los de su infancia, me resultan encantadores. Inspirado en ellos escribí Agobios de un vendedor de Biblia (Premio Gabriel Sijé, 1984).

En esta distopía que vivimos, no descarto que se lleven un día los cadáveres de los Reyes Católicos de la catedral de Granada

–Qué opina de la actual cristofobia…

–Es incomprensible que el cristianismo esté sufriendo tantas persecuciones. La espiritualidad de san Juan de la Cruz, su filosofía del amor y del sacrificio, es rechazada por muchos ciudadanos inclinados al materialismo. Para una sociedad orgullosa de haber logrado legalizar el aborto, aceptar la eutanasia…, las palabras claras de Jesucristo resultan molestas. No les basta a nuestros gobernantes haber borrado del mapa todas las pequeñas cruces ante las que se juraba o se enseñaba. Ahora parece que pretenderán derribar la Gran Cruz del Valle de los Caídos. La palabra «cruz» nada más les hace rabiar como los posesos en un exorcismo. Por ello nuestro poeta no será jamás santo de su devoción.

–Preocupa el plan de estudios con la eliminación de las Humanidades. Desaparecen los clásicos, la filosofía, la historia sagrada… ¿qué opina?

–Como profesor de Magisterio y catedrático de instituto que fui durante más de ocho lustros, he asistido progresivamente a la contaminación de la educación. En los últimos años, di clase en un centro donde tuve que sufrir con otros muchos compañeros las mayores faltas de respeto y desprecio al aprendizaje. Escribí una novela cuyo título lo dice todo: Síndrome de Burnout o el infierno de la ESO. Debería permanecer una asignatura de Historia de las Religiones obligatoria porque sin el conocimiento de la Biblia no podríamos entender la música clásica, ni muchos cuadros de los museos, ni los caminos de peregrinación, ni la literatura, ni escultura… Otro tanto diría con el latín, que agiliza la mente y muestra la cristalina fuente de nuestro idioma. Respecto a la enseñanza de la Historia, resulta vergonzoso que algunos profesores la expliquen desvirtuándola por su militancia política. En esta distopía que vivimos, no descarto que se lleven un día los cadáveres de los Reyes Católicos de la catedral de Granada para enterrarlos en el nicho de un humilde cementerio, ¡por fascistas!

María Dolores Balsalobre

–¿Qué dirían Teresa de Jesús o San Juan de la Cruz si vivieran hoy…

–A Teresa de Jesús le hubiera gustado reencarnarse en Teresa de Calcuta y Juan de Yepes hubiera elegido ser él mismo para residir en Caravaca, al pie del castillo donde se encuentra el lignum crucis. Teresa pondría el grito en el cielo ante los males (ella diría demonios) que nos amenazan, y el carmelita, siendo patrón de los poetas españoles, lamentaría que nadie le publicase un libro de poesía.

–Pirandello decía que el hombre moderno está condenado a la soledad y la alienación…

–La soledad es el terrible fantasma de la sociedad moderna, contribuyendo a ello las redes sociales, el egotismo, la aporofobia, el aparcamiento de los viejos en residencias, etc. Que sea una realidad incuestionable lo confirman los Ministerios de la Soledad creados en el Reino Unido y Japón. En cuanto a la alienación, está desembocando en un gran número de suicidios que en 2020 superaba al de las muertes por covid en Japón.

Que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera
Soneto anónimo, atribuido a san Juan de la Cruz

–Esclarecer el misterio de la vida es el anhelo final…

–La clave del misterio de la vida sería para un cristiano descubrir cualquier atisbo de la existencia de Dios. Todos recorremos un desierto de duda, lo mismo Miguel de Unamuno que la madre Teresa de Calcuta, y tal vez hasta los papas, aunque se lo hayan callado para no causar ningún escándalo. La humana incertidumbre que hubiéramos querido despejar como Santo Tomás. Personalmente, como un niño, tuve la esperanza de que con el telescopio espacial Hubble pudieran captar una imagen del cielo parecida a las viñetas de las Cantigas de Alfonso XII; ahora la he vuelto a recuperar con el lanzamiento del James Webb. Con el Hubble, a una nube de materia cósmica llegaron a llamarla «La mano de Dios», como si los astrónomos participaran de mis deseos. He buscado a Dios por todas partes, leyendo la Biblia, libros de teología, procesos de beatificación…, hasta que caí en san Juan de la Cruz. También leí teorías de Stephen Hawking, que deshojaba la necesidad y no necesidad de la existencia de Dios. Sólo me quedan aquellos dos hermosos versos del soneto anónimo atribuido a varios autores, entre ellos san Juan de la Cruz: «que aunque no hubiera cielo, yo te amara, / y aunque no hubiera infierno, te temiera».