Una de las muchas leyendas que se cuentan del san Sabas tiene que ver con la elección del lugar por parte del santo para llevar su vida monástica: una pequeña guarida de techo bajo al lado de otra aún más pequeña llamada «la gruta del león», porque al entrar un día en su cueva, la encontró habitada por un león, al que se enfrentó con sus oraciones sin mucho éxito, ya que el felino lo arrastró varias veces, hasta que llegaron al acuerdo de quedarse cada uno en su rincón.