Es la pregunta que muchos se hacen, dentro y fuera de la Iglesia. Probablemente, ni ellos mismos sepan explicar cómo han logrado revolucionar a miles de jóvenes que viven la fe en grupos de Hakuna por todo el mundo. O le darán todo el mérito al Espíritu Santo. Pero, como en casi todo, algunos –de nuevo, dentro y fuera de la Iglesia– se empeñan por buscarle los límites, fallos y errores a este movimiento.