Monseñor Piero Pioppo, el nuevo nuncio del Papa en España
«Nos ha tocado la lotería con el nuevo nuncio; es muy bueno»: Monseñor Pioppo y los seis retos que le esperan
Los que le conocen destacan del recién nombrado embajador de la Santa Sede en España su claridad doctrinal y su capacidad de trabajo
Le definen como firme y claro doctrinalmente; sólidamente preparado –ha desempeñado funciones diplomáticas en Indonesia, Corea, Chile Camerún, Guinea Ecuatorial y ante la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático–; habla italiano, francés, inglés y español y se desenvuelve con soltura en las labores diplomáticas desde 1993. «Nos ha tocado la lotería con el nuevo nuncio; es muy bueno», han asegurado a El Debate quienes han conocido a monseñor Piero Pioppo (Savona, Italia, 1960).«Podría haber sido perfectamente nuncio en París, Londres, Washington o en cualquier gran capital, pero le han tenido aparcado en Asia los últimos doce años», refieren las mismas fuentes, en referencia al anterior pontificado.
Monseñor Pioppo conoce bien los marmóreos pasillos vaticanos. Fue secretario personal del cardenal Ángelo Sodano, secretario de Estado con Juan Pablo II, y entre 2006 y 2011, prelado del Instituto para las Obras de Religión (IOR). El propio Sodano le ubicó en la banca vaticana para obtener información fidedigna y de primera mano de la controvertida entidad financiera.
Ahora llega a España, tras un periodo de varios meses de espera en los que el Gobierno de Pedro Sánchez «quizás no bloqueaba, pero tampoco facilitaba el plácet para el nuevo nuncio». «Lo que está claro es que el Vaticano no ha cedido con su nombramiento», aseguran las mismas fuentes. Tras el eficiente y fructífero período de nunciatura de su antecesor, monseñor Bernardito Auza, el nuevo embajador del Papa en España se enfrenta a cinco grandes retos.
1. Una sociedad alejada de Dios
Siendo italiano, no le pilla de nuevas: las cifras de práctica religiosa en España –al igual que en Italia y en casi todos los países católicos de Occidente– han caído en picado. La merma afecta a todos los ámbitos: bautismos, primeras comuniones, matrimonios, práctica dominical, vocaciones, colaboración económica... A pesar de que la Iglesia mantiene una ingente cantidad de obras apostólicas –colegios, universidades, residencias, comedores, ONG–, estas, en muchas ocasiones, son ineficaces en su labor evangelizadora, y actúan casi exclusivamente como agentes sociales.
2. Un Gobierno hostil
El Gobierno socialista de Pedro Sánchez se ha encargado de embarrar el terreno de una convivencia sana y fluida entre españoles. A los postulados abiertamente anti cristianos que propugna e implanta se une el continuo cerco al que trata de someter a la Iglesia: clase de Religión, financiación, orillarla de la esfera pública, imposición de una «memoria democrática» que excluye las persecuciones a los católicos, etc.
Uno de los termómetros que han servido para evaluar en los últimos años la animadversión del actual Gobierno hacia la Iglesia es la situación del Valle de los Caídos, lugar de enterramiento de más de 33.000 muertos de ambos bandos de la Guerra Civil, entre ellos cerca de 120 mártires asesinados in odium fidei. La pretensión de Sánchez y sus socios de Gobierno pasa por expulsar a la comunidad benedictina que allí reside desde 1957, aunque se ha llegado a exigir la demolición de la Cruz monumental –la más grande del mundo, con casi 152 metros de altura– y la desacralización de la basílica subterránea.
3. Las vocaciones
Algunos de los seminaristas de Madrid de los últimos cursos
En España, cerca de mil varones se preparan para ser sacerdotes diocesanos, una cifra insuficiente para relevar a los presbíteros que se jubilan. Aunque parece haberse mitigado levemente la sangría de las últimas décadas, los párrocos no dan abasto y, especialmente en el medio rural, reciben más y más pueblos a su cargo (en ocasiones rozan el medio centenar). En algunas diócesis, la edad media de los sacerdotes ronda los 75 años de edad, pese a que siguen desempeñando una notable y meritoria labor.
La situación en la vida religiosa no atraviesa un mejor momento: todas las semanas se producen al menos uno o dos cierres de conventos o monasterios, teniendo que fusionar comunidades y reagrupar a los religiosos. Además, las edades elevadas de sus miembros y los poquísimos jóvenes que ingresan en los noviciados no auguran un futuro próximo prometedor.
4. Confusión doctrinal
En numerosas obras católicas, lo católico brilla por su ausencia. Es el caso de editoriales, colegios, publicaciones, universidades o incluso parroquias donde se propagan doctrinas contrarias al Magisterio de la Iglesia. Aunque la palabra herejía ha caído posiblemente en desuso, en diversas obras dirigidas por sacerdotes, religiosas y laicos es habitual encontrar postulados claramente heréticos, por situarse en las antípodas de las enseñanzas habituales de la Iglesia y del Evangelio.
5. Unas obras que consumen los escasos recursos
Inmensos edificios, gigantescas casas de espiritualidad, seminarios descomunales... En demasiadas ocasiones, la mala gestión y la ineficiencia acompañan a las obras de la Iglesia. El envejecimiento de religiosos y sacerdotes diocesanos, la frecuente desconfianza hacia los laicos (o la mala elección de éstos), la excesiva clericalización, los esquemas rígidos que funcionaban en el pasado pero que se encuentran desfasados, el miedo a la sana innovación, la burocratización, el «siempre se ha hecho así» son, entre otros, algunos de los lastres que condicionan el día a día de las obras de la Iglesia, que con frecuencia se encuentran paralizadas y esclerotizadas.
6. 'Puentear' al nuncio
Quizás convenga que monseñor Piero Pioppo se familiarice pronto con el verbo puentear. Su antecesor, Bernardito Auza, sufrió con frecuencia el puenteo de sus gestiones, especialmente en lo tocante a la elección de nuevos obispos para España. Es cierto que, en el Vaticano, se hacían las cosas de otro modo hasta hace poco tiempo, pero la inercia quizás siga ahí.
Es al nuncio a quien compete presentar a la Santa Sede la propuesta de las ternas para ocupar las distintas sedes episcopales españolas, independientemente de que el Papa decida después solicitar más opiniones. Aunque monseñor Auza se fue con casi todos los deberes hechos, actualmente hay en España tres sedes episcopales vacantes (Astorga, Teruel-Albarracín y Osma-Soria) y cinco más cuyos obispos ya han presentado la renuncia por edad: el cardenal Juan José Omella (Barcelona), José María Yanguas (Cuenca), Sebastián Taltavull (Mallorca), Rafael Zornoza (Cádiz y Ceuta), José Manuel Lorca Planes (Cartagena) y Salvador Cristau (Tarrasa).