Rudos, descreídos, salvajes y sin escrúpulos. A varios voluntarios de la parroquia de San Pío X de Algemesí (Valencia) les ha tocado ponerse en la piel de los milicianos que, en octubre de 1936, detuvieron a las cuatro monjas que estaban escondidas en casa de su madre, María Teresa Ferragut. Cuando fueron delatadas por una sirvienta, la anciana, de 83 años, quiso acompañar a sus hijas hasta el martirio.